ANTES SE COGE A UN EMBUSTERO…

Mi amigo Juan Torregrosa, profesor de Literatura, decía que «son personalidades muy diferentes la del homosexual discreto; el marica y la maricona». Él es, o era -un día se fue a residir a Castellón y desde entonces no he vuelto a saber de su vida- y se declaraba homosexual, si decirlo se hacía necesario; y lo decía, como es lógico, con toda naturalidad y «no tengo por qué vocearlo por la calle, como si fuera La Violetera».

Hoy, frente a la televisión; con la 1 de Televisión Española en la pantalla, y el ¿ministro? Marlaska en primer plano hablando al micrófono, con una rara gesticulación facial; «fisssnura» en el arrastre de algunas palabras; y sospechoso revoloteo de las extremidades superiores.

Esa visión me puso en el arduo trance de darle vueltas al magín, aunque sin abusar, no fuera a sentarme mal al cuerpo, y encontré la siguiente pregunta, de la cual no esperaba obtener una aclaración, por la sencilla razón de que me la hacia a mí mismo y, lo siento, no doy para tanto; y esta, mis queridos camaradas y amigos, ha sido la pregunta: ¿cuál sería de las tres opciones, en la que mi buen amigo Juan (yo ni entro ni salgo ¡aclaro!) en la que él situaría al ministro de los socialistas?.

Pero no es de la sexualidad en toda su posibilidades de uso y disfrute de lo que yo quería hablar, sino del desprecio con que el señor -y no fue precisamente señorío- Marlasca, utilizó, algo parecido a «(esssosss; no sé cómo llámarsslosss») con las personas y partidos que no son de su misma opinión (es muy posible por ser más acertada), respecto a cómo tratar el tan manido cambio climático.

Es así como asoman la oreja quienes presumen de demócratas -que no creo que sea para tanto- y como dice el refranero español: «antes se coge a un embustero que a un cojo».

Esta gente de la extrema izquierda que llega a grandes alturas políticas, que por lo que estamos viendo no hace falta que sean muy listos, usan la Democracia -los que sean limpios y aseados, que no son tantos-, como usan los calzoncillos o las bragas, según sexo o caprichín de los llegados del otro lado de la puerta del armario -¡qué debería ser de tres cuerpos e inacabable fondo!-, la cambian y usan a diario, para beneficio de sus intereses, no sólo los políticos que también…

Eloy R. Mirayo ( El Correo de Madrid )

viñeta de Linda Galmor