El anti fascismo es terrorismo hoy, y siempre. El fascismo, cuyos dos sistemas emblemáticos, el capitaneado por Adolf Hitler y el pilotado por Benito Mussolini, cayeron en 1945, se ha convertido en la coartada del gentucismo apátrida, antioccidental y anticristiano para avanzar en su proyecto de destrucción.

La juventud parida en el odio al “fascismo” genera el monstruo de vandalismo y guerra callejera que estos días vemos en las calles. Publicidad, informativos y medios de masas, es decir, el cuarto poder, pero también los otros tres -el ejecutivo, el legislativo y el judicial- han fomentado el antifascismo oficial y con ello han generado la turba que estos días devora las calles.

Un rapero conocido como Pablo Hasel, dotado de antecedentes penales, exaltador del terrorismo, enaltecedor del crimen, agresor e intimidador ha entrado en prisión conforme al ordenamiento jurídico vigente. Una merecida condena que ha sido aprovechada por el “antifascismo” para lanzarse a la calle; además de críos, hay una inmensa mareada de mayorcitos de edad, del orbe podemita e izquierdista, pero todos ellos con un denominador común: además de su indigencia intelectual, comparten su “antifascismo”.

El sistema educativo y los poderes del Estado, incluyendo al cuarto poder –el mediático- han blanqueado sistemáticamente al comunismo, convertido al fascismo en el recipiente de las maldades y cultivado en las mentes la ecuación en virtud de la cual comunismo equivale a democracia y progreso, y fascismo a represión y dictadura.

Atornillar en las mentes esta falsa ecuación ha conducido a que en España exista un panorama social y juvenil de condonación hacia la violencia comunista e izquierdista, la única que en la Historia de España ha asesinado a inocentes mediante bandas armadas. El fascismo ha sido convertido en el enemigo imaginario, identificado con España, con el Estado, la Policía o las estructuras legales de la Nación.

Que España fuese salvada de la tiranía bolchevique por el liderazgo franquista durante una guerra civil; que éste fuese exitoso en su política social, económica y demográfica durante 36 años de mandato; y que el General Franco muriese a los 83 años y sin sufrir la oposición peligrosa de ninguno de los grupos de izquierda, son hechos que hieren la médula ideológica del “antifascismo” que con tanto tiento han compuesto las escuelas y las Universidades a golpe de exculpación y promoción del comunismo.

Cuando la olla a presión de los grupos “Antifa”, con coordinación internacional, manuales de guerra callejera y consignas adiestradoras, encuentra una excusa o pretexto, saca sus garras. Lo hizo en EEUU cuando fue apresado el drogadicto y delincuente George Floyd, y lo hace en España cuando otro delincuente, Pablo Hasel, entra en la cárcel. Antifa tiene muy claro que ha venido para quedarse.

Que la dialéctica obscena de líderes podemitas animen el cotarro de los salvajes callejeros, o que estos sean paridos por las asambleas del independentismo o de la extrema izquierda de toda clase, es lo de menos. Todo ello, aún siendo importante y miserable, es fruto de una tendencia de Occidente a su autofustigación, a su autoinmolación, al haber renegado de sus tradiciones y su identidad y al haber entregado la financiación, las aulas y las teles a los predicadores del “antifascismo”.

Cuando George Soros financió a los grupos Antifa, lo cual fue declarado por uno de sus ex líderes en Australia, o cuando el mismo magnate infló con 200 millones de dólares a Black lives matter –filial de Antifa- sabía lo que hacía.

Los niñatos y no niñatos que estos días queman las ciudades españolas en nombre de un rapero encarcelado, son mendrugos intelectuales pero su instrucción y organización, planeadas en Redes Sociales, urdidas en sus liderazgos particulares y basadas en manuales de guerra callejera no son espontáneas. Son la premeditada orquestación de los grupos Antifa: un esquema internacional conectado a través de Internet, influencers, directrices y organización estratégica.

Los antifascistas son monigotes de partidos anti obreros y capitalistas estatalistas apoltronados como Podemos; son el resultado de intoxicar mentes utilizando como coartada a movimientos políticos e ideológicos históricos cuya imagen se deforma y cuya etapa se cerró en 1945; son el resultado de haber dado cancha a que toda la morralla de ideales antipatriotas y sus correspondientes partidos políticos (comunistas y asimilables) tengan cabida en el juego político.

No son los cortesanos de Pablo Hasel ni la ultraizquierda podemita, aunque también, los creadores del desorden saqueador e insurrecto que viven las calles; ha sido el autobombo procomunista que durante 40 años ha sacudido las orejas de los españoles amén de la diabolización permanente y contumaz contra el fascismo.

Ha sido el “antifascismo” utilizado durante los últimos 40 años por izquierdas y derechas como agarradero mientras blanqueaban el origen marxista de GRAPO, ETA o el FRAP, el que ha incrustado en la atmósfera social la exculpación, e incluso el aplauso, hacia toda opción autoproclamada antisistema que en sus banderas porte la hoz y el martillo.

El “antifascismo” creado a golpe de adoctrinamiento, y de falseamiento histórico, ya ocupa nuestras calles con gamberros convertidos en héroes y con políticos comunistas a los que se legalizó durante la Transición erigidos en adalides de libertad. Algunas de las más terribles taras de nuestro sistema político y partidista se atisban estos días y una de ellas es haber consentido y potenciado las ideologías marxistas y haberles regalado la preeminencia social y moral.

José Miguel Pérez ( El Correo de España )