Algo he viajado por el mundo y en todas partes he podido ver cómo el desacuerdo político entre ciudadanos no los convertía en odiadores de un lenguaje compartido, de los símbolos comunes ni de la historia que les llevó a ser lo que son en la actualidad.

Tan es así que los extranjeros que se incorporan al censo de cada país acaban por asumir como propios todos esos valores, porque entienden que integrarse en una nueva sociedad es la mejor forma de no ser considerados ciudadanos de otro nivel.

En cambio, en España hay un sector de la ciudadanía que apuesta por convertirse en apátrida porque odian todos los símbolos e incluso el lenguaje que define nuestra historia, nuestras costumbres, y nuestros sentimientos grupales como nación. Esa mentalidad refleja un trauma identitario que les sitúa en tierra de nadie o en mitad de la calle gritando consignas contra ellos mismos, aunque no sean conscientes del ridículo que protagonizan.

Siempre han existido los ciudadanos del mundo, los llamados cosmopolitas, expresión que en una de sus acepciones significa “aquellos que rechazan la división entre estados”, pero no es éste el caso, porque el rechazo que algunos colectivos sienten contra España, tiene que ver con una fobia ideológica que confunde el patriotismo con una ideología conservadora o de derechas.

No se caracterizan estos odiadores de su propia patria por haber leído mucho o estudiado lo suficiente, porque el único recurso que tienen y utilizan para disimular su propio complejo, es cambiar el nombre España por el de “estado español”, despreciar algunos hechos de hace siglos en los que fuimos un imperio, o empeñarse en juzgar la historia de aquellos tiempos con conceptos y valores de hoy, cuando el progreso y desarrollo de esos países fue posible por la colonización española.

Es cierto que los británicos se enorgullecen de los excesos que sus piratas hicieron en el Norte y además les nombraron Caballeros por Su Graciosa Majestad, pero cada puedo vive con sus tradiciones o muere con sus complejos.

Dentro de unos días será el 12 de octubre, festividad que tradicionalmente se ha celebrado, incluso en los Estados Unidos, donde hay una gran población hispana, como un hito histórico protagonizado por España que exportó cultura, costumbres, modernidad y garantías legales para los pobladores de aquellas tierras.  Nada que ver con la colonización británica de las tierras del Norte.

Los apátridas españoles de hoy no necesitan argumentos porque tampoco han necesitado leer los libros de historia.

Diego Armario