La aprobación en el Congreso de la ley de Eutanasia habiendo hurtado a la sociedad un debate profundo durante su tramitación se convirtió ayer en un triste espectáculo de diputados aplaudiendo a rabiar una norma que solo representa un culto inmoral a la muerte.

La eutanasia es una práctica que sencillamente legaliza, autoriza e impulsa la muerte.

No es la ampliación de ninguna libertad, como pretende hacer creer la izquierda ideologizando algo que no debería pertenecer al ámbito partidista, sino una claudicación ante la vida, que es el fin último a proteger por el ser humano.

Por eso cabe preguntarse qué hay que celebrar.

Incluso para los partidarios de esta conflictiva norma, ¿qué sentido tiene aplaudir, como si fuera una victoria parlamentaria más?

Si una sociedad realmente empieza a ovacionar a la muerte, es que está anteponiendo mezquinos intereses políticos sobre la propia entidad de la vida humana.

Desde ayer, España no gana derechos. Pierde vida.

ABC