Sea cual sea el resultado de las elecciones en Cataluña, los pactos que se establezcan o las alianzas que se forjen, desde Cataluña se impulsará el Estado Federal o plurinacional que en puridad ya existe en nuestra organización territorial como Estado Autonómico, por cuanto las diferentes regiones de España son entidades políticas-administrativas autónomas con más competencias transferidas por el Estado que las que tienen los länders en la Alemania Federal.

Siendo así, que con un territorio, un poder político y una población, y según establece el artículo 2 de la Constitución en la disposición transitoria segunda, y no sólo para aquellas regiones que plebiscitaron afirmativamente en el pasado estatus de autonomía, todas ellas tendrán la consideración de estados nacionales. Realidad que estamos evidenciando en la gestión de la pandemia, donde cada comunidad está tomando las decisiones que cree más conveniente.

Así pues, no más allá de diez años, pisaremos el mismo territorio, pero la realidad será diferente. Y lo más trágico es que lo conseguirá una minoría. Trágico destino el de España.

Eso sí, podemos seguir fabulando, y decir, por ejemplo, que tenemos un Ejército de tierra, mar y aire que cumplirá, que menos, con su obligación constitucional. Ante lo que yo, como cualquiera de ustedes, estoy en mi derecho de creérmelo o no. Y no me lo creo.

España inició desde la Transición un proceso de autodestrucción sin precedentes en tiempo, forma y manera, donde los diferentes gobierno que se han sucedido han tomado el testigo del anterior sin rectificar absolutamente nada, cuyas consecuencias devastadoras son una falta de proyecto nacional y un adocenamiento suicida en las instituciones y en la sociedad civil.

Un proceso que ha dejado a España inerme, cuyo final de obra remata el nuevo Frente Popular, absolutamente beligerante contra la moral natural y decidido al enfrentamiento.

Mi amigo Gil de la Pisa, maestro clarividente y, pese a sus muchos años, magníficamente lúcido, en su artículo “Lo inevitable”, publicado en este Correo con fecha 11 del corriente, aludía a un proceso perfectamente orquestado desde antes de la Transición, cuyo objetivo era destruir España,

que él, y con toda sabiduría, centra en la Sinagoga de Satanás, porque Gil tiene un perfecto conocimiento de la Historia en la clave y dimensión que hay que entenderla, esto es, en clave o dimensión de salvación. Pero no entremos hoy en esta cuestión, por más fundamental que sea.

Con todo, y porque la historia no está escrita, que no se crea nadie que lo tienen todo ganado, todavía puede surgir una reacción. Puede ocurrir que un número indeterminado de hombres y de mujeres constituidos en pelotón, como ese pelotón del que nos habla Spengler, sientan la obligación de cumplir lo jurado. Y siendo así, busquen árboles en las praderas y sogas en los desvanes.

Tiempo al tiempo que tras el jaleo y el alboroto siempre viene el tiroteo. Digo.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )