ARRASTRANDO LOS PIES, MOSSOS

Cañones de agua, balas de goma, dice Pablo Iglesias. Habrá colegios cerrados y urnas en las iglesias y en la playa, me cuenta la fuente de Canaletas. No sabemos si van a detener o no al presidente de la Generalidad, si suspenderán o no la autonomía.

Mientras escribo, me recuerdo paseando por las Ramblas con mi amigo Julián Pacheco y su novia Rosa, que trabajaba en el Panan’s con los marines de la Sexta Flota. Íbamos Rambla arriba, con claveles en la solapa, hasta la fuente de Canaletas, de hierro calado, a las cinco de la mañana, con la mariposa en el bolsillo. Tantos años después, mi fuente de Canaletas comenta que el “Gobierno sigue desconcertado, disparando al aire, agotando las medidas judiciales sin saber qué hacer después”. Le pregunto si va a haber o no declaración de independencia. Responde: “Lo probable es que la gente salga a votar, no para conseguir la independencia, sino para manifestar con el voto su descontento por el trato recibido desde la sentencia del Tribunal Constitucional. Van a recordar que se anuló parte del Estatuto refrendado en Cataluña y también en la Comisión del Congreso presidida por Alfonso Guerra. Recordarán la frase: ‘Hemos cepillado el Estatuto'”.

Mientras me hablaban desde Barcelona, tronó, precisamente, el jacobino, partisano del 78, uno de los evangelistas de la Carta Magna, un Alfonso Guerra que ya no tiene que guardar obediencias de reptiles lameculos de sigla. Dijo el Canijo lo que millones de españoles piensan, frente a los estúpidos y felones, aún abducidos por los nacionalistas. Afirmó que el Estado de derecho tendrá que tomar unas medidas drásticas para reponer la legalidad si se decreta la independencia. “Tendrá que aplicar el artículo 155 de la Constitución. Pero les da miedo a los demócratas de nuevo cuño, a quienes les gusta la Constitución menos un artículo”, me dijo. Alfonso Guerra, al lado de lo que se gasta ahora, adquiere la estatura de De Gaulle.

Hace poco, desde el Gobierno se anunciaba que no habría día siguiente, pero los rebeldes catalanes están convencidos de que habrá día siguiente y siguiente del siguiente. Alfonso Guerra, que fue titiritero antes que gobernante, ve como hay políticos que muestran sus defectos en el escenario. Cada uno tiene su papel en la comedia y, como la función alcanza dimensión histórica, quedan todos pequeñitos. Los políticos catalanes muestran especialmente su insignificancia. “No puedo continuar avergonzándome de tu insignificancia”, le dice Petronio Nerón antes de cortarse las venas. La insignificancia de los gobernantes de la Generalidad adquiere relieve, no cuando mienten, sino cuando desafían a la ley. Son tan irresponsables que quieren inculcar la idea de desorden a los que tienen la misión de evitarlo en la calle.

Fuentes del Estado me convencen de que los Mossos están cumpliendo las órdenes de la Fiscalía: “A Trapero lo están volviendo loco. Unos le dicen una cosa; otros, otra. Pero al final, él y los Mossos estarán en su sitio. Algunos cumplirán con su deber aunque sea arrastrando los pies”.

Raúl del Pozo ( ElMundo )