ARRIMADAS, RIVERA Y RAJOY

En el entorno de Mariano Rajoy se han desatado los nervios. La irresistible ascensión de Inés Arrimadas en las urnas autonómicas podría repercutir en las elecciones generales y descoyuntarlas. Parece claro que el centro derecha en Cataluña estará representado de forma abrumadora por Ciudadanos. Albert Rivera ha acertado al renovar su partido, presentando una candidata inteligente, moderada y coherente que es, además, estupenda dialéctica.

Ocurra lo que ocurra el jueves próximo, se vaticina que el Partido Popular quedará reducido en Cataluña a la insignificancia y que el voto de centro derecha consagrará en las urnas, en mayor o menor proporción, el nombre de la candidata de Ciudadanos. No digamos si además gana, si se convierte en la opción más votada, aunque los podemitas impidan que se instale en el palacio de San Jaime.

La crecida de Albert Rivera puede desbaratar lo que en Moncloa tienen previsto para las próximas elecciones generales. Mariano Rajoy aspira a perpetuarse, sobre todo si las encuestas le señalaran en su día como candidato preferente. Pero, conforme a la ley d’Hondt, la división del centro derecha entre el Partido Popular y Ciudadanos puede encarecer de forma considerable los escaños. Mientras más fuerte esté Rivera, mayor número de votos necesitará Rajoy para cada diputado pepero. Se entienden los nervios desatados en el entorno monclovita de Mariano Rajoy ante la ascensión de Inés Arrimadas. La cuña de la propia madera resulta especialmente perversa.

“Si no queremos comprometer seriamente las elecciones generales -me decía esta mañana un destacado dirigente del Partido Popular, que no cito para que no lo escabeche Mariano Rajoy- sería mejor, de producirse mayoría constitucionalista en Cataluña, que apoyáramos como presidente de la Generalidad a Miguel Icetaantes que a Inés Arrimadas”. Para la inmensa mayoría de los militantes del PP sería una incongruencia esta decisión. Para los peperos que piensan en las generales, no.

Quien puede quitar votos al Partido Popular es, sobre todo, Ciudadanos, no el PSOE. Y un éxito de Albert Rivera en Cataluña complicaría mucho la estabilidad de los que prosperan refugiados bajo las alas gallináceas de Mariano Rajoy. El presidente, por cierto, está encantado de que Soraya y María Dolores continúen bamboleando el botafumeiro a las puertas de su despacho oficial y tiene la esperanza de que no le desgracien el tinglado.

Luis María Anson (El Mundo )