AQUÍ COPIA HASTA BOB DYLAN

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AQUÍ COPIA HASTA BOB DYLAN

Estamos rodeados de gente que afirma que ha inventado la rueda, y no crean ustedes que les tiembla la voz ni se le altera el pulso cuando mienten ante otros  que serían capaces de retarles a un duelo para reclamar la paternidad de ese logro.

Es cierto que a veces nos juntamos con gente que se ha muerto y no lo sabe, y además cree que sigue siendo merecedora de un trato de favor porque aparece de vez en cuando en alguna televisión, con personajes de menor cuantía.

Viven de suplantar a los ausentes, plagian su historia y lo hacen delante de quien también estuvo allí. Representan un “sí es pero no”,  y su afición más metafórica consiste en masturbarse mirándose al espejo con un acendrado espíritu de supervivencia.

Algunos son políticos de fama mundial premiados con el Nobel de la paz, aunque tenían las manos manchadas de sangre, o el Príncipe de Asturias a pesar de haber  hecho negocio con el cambio climático. Lo importante no eran sus méritos sino la notoriedad mediática que habían alcanzado, porque el marketing ha transformado en dogma lo que solo es oportunismo.

Vivimos un momento en el que la televisión convierte a los ágrafos en escritores de éxito. Lo que importa no es la calidad literaria de los textos sino la notoriedad mediática de los autores.

Algunos cuando hablan en público parece que vienen de una casa de citas, y no porque hayan dedicado un tiempo de su vida al arte del  fornicio sino porque  sus discursos los salpican de referencias a autores a  los que jamás leyeron  y cuyos nombres ni siquiera saben pronunciar.

Lo cierto es que yo había pensado escribir sobre la acusación de plagio que le ha hecho la revista estadounidense “Slate” a Bob Dylan a través de su periodista Andrea Pitzer,  porque en el texto del discurso que ha enviado a la Academia Sueca para que le paguen los 923.000 dólares del ala que le corresponden por su singular Nobel de literatura, han detectado suficientes frases de “corte y pega” sobre la novela Moby Dick, en la que basó su alocución jamás pronunciada.

No es bonito ni está bien que después de que unos académicos que se habían puesto hasta las trancas de beber chupitos de orujo le premiaran como excelso literato, el cantautor les haya hecho la faena de no ir a recoger el premio y de enviarles un discurso cuya autoría no le corresponde.

Aquí copia hasta Bob Dylan , con el pretexto de que lo que no es tradición es plagio, y cualquiera que no tenga un minino de pudor puede atribuirse méritos ajenos sin citar al autor, y de eso en este mundo de vanidades todos sabemos algo.

Esos días algunos seguidores del cantautor de  Minnesota le justifican diciendo que estaba presionado por la urgencia  de la fecha en la que debía entregar el discurso para no perder la paga,  y como él es de esos que “no tienen prisa ni nadie que se la meta” tiró por la calle de en medio que es la que a veces conduce al precipicio.

Diego Armario

 

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