EL DETERIORO DEL ARTE

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EL DETERIORO DEL ARTE

El arte no es neutro. Recrea un ambiente, de auge o decadencia; incorpora un enfoque y sirve, voluntariamente o no, a una causa -noble o perversa-, institución o régimen. El arte resulta mucho más grosero cuando responde única y burdamente a una consigna. La cualidad de artístico constituye el límite del arte, o sea, lo define. Una creación es plástica, bella, original, inspiradora, compleja, hermosa, grandiosa, seductora, aguda, emotiva, insólita, asombrosa, sutil… Nunca vulgar. La obra de Sierra es una representación tosca y corriente de una consigna. Arco pierde más cuando la incluye que cuando la retiró con torpeza, aunque parezca lo contrario.

Hace un par de años, un tal Madeu expuso unos cuadros grotescos, sombríos y siniestros. En uno de ellos, un pescador sentado en el interior de un círculo morado, igual que el logo de Podemos, suelta su caña de la que pende un reloj. Fondo negro. En la parte superior del círculo ponía Podemos. En otro, una tétrica máscara sobre un tronco con raíz parecía emitir un quejido. De la cabeza brotaba junto con las hojas la palabra Podemos. En el tercero, un señor esperaba sentado sobre un alambre que atravesaba un primer círculo. Sostenía algo entre las manos. Podía ser una alegoría sobre el impacto de la crisis si el autor hubiese pretendido hacer arte. El individuo estaba rodeado por varios círculos, algunos morados, dentro de cada cual se leía la consigna y la marca: Podemos.

El arte sugiere, el agitador es explícito; no deja resquicio a la interpretación. Desconfía siempre del público; por eso ignora la finura y la exquisitez. Alguien consideró que esas obras superaban la prueba de calidad, poseían la cualidad de artístico y las mostró. En todo caso, no fue lo más oportuno -o sí- hacerlo en la sala de acceso a la Junta Municipal del Distrito de Chamberí, minutos antes de la convocatoria a la que asistieron vecinos del barrio. Independientemente del valor de esos cuadros, por unas horas dejaban deliberadamente de ser arte, pues lo de menos era su cualidad de artístico.

Los artistas mediocres son sumisos, se pliegan a la consigna y subsisten gracias a la generosidad de los mecenas de la doctrina. El amigo de Roures adquirió la performance del eslogan y a otra cosa. Porque, como declaró el cineasta Aleksandr Dovzhenko, “el verdadero artista es el que dice sí”… a Stalin. La elegancia es un estorbo. Provocar a unos para satisfacer los sublimes deseos del buen pagador. De eso se trata. Es el deterioro del arte: la propaganda.

Javier Redondo