LA GRATITUD DE COHEN

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LA GRATITUD DE COHEN

Ahora que el inesperado escalofrío nos instala en pleno otoño, ahora que los días se agotan mucho antes de que el vespertino cansancio nos alcance, ahora que la normalidad parece regresar a la política española, ahora que incluso América vuelve a demostrar que a la alternancia se le llama democracia, es cuando podemos recrearnos y deleitarnos con las palabras que Leonard Cohen dejó tan bien dichas en 2011, en el sereno y emocionado agradecimiento a su premio Príncipe de Asturias.

La hermosa historia del guitarrista español suicida, que le enseñó –además de seis acordes– el espíritu del flamenco, es la metáfora de ese discurrir invisible que hace de oro las almas y que engrandece a las personas. Ese río inmaterial que riega los fecundos y anónimos terrenos del talento. Y el talento, amigo lector, es universal, patrimonio de todos, no sabe de fronteras, ni de proteccionismo. Leonard Cohen, su obra, sus letras y su sentido de la belleza son ya propiedad de cuantos quieran cantarlo en cualquier lugar del mundo. En ese recuerdo albergamos la prueba de que la humanidad, a pesar de todo, siempre avanza. Cohen es un buen ejemplo. Gracias.

El Astrolabio ABC

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