Las extravagancias de Dalí

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Las extravagancias de Dalí

Convirtió su propia vida en una ‘performance’ y su figura, en obra de arte, a base de excentricidades. Controló los medios y exploró la cultura de masas. Puro precursor del marketing.

¿Sabes la diferencia entre un esnob y un dandi?» Le preguntó un día Dalí a su amigo Oscar Tusquets Blanca. «El esnob es el que se muere por que le inviten a una fiesta y el dandi el que, una vez invitado, hace lo imposible por que le echen». Y él fue expulsado de todas las fiestas: del grupo de artistas de Barcelona, de la Academia de San Fernando en Madrid, de los surrealistas franceses… Dalí tenía alma de dandi. «De ahí nace también su aparente fascinación por Franco. ¿Se podía estar más expulsado de la cultura contemporánea que estando a favor del dictador?».

Era imposible aburrirse con él. Reclutaba a gente que le parecía curiosa por la calle. O invitaba a gente guapa e interesante a cenar, pero dejaba fuera al ministro de Cultura francés. Y veía el lado positivo de todo, si llovía, ‘bien, nos quedamos en casa’, si estábamos en un atasco, ‘mira qué bonito cómo brillan los coches’…», cuenta el arquitecto. Para el recuerdo quedan leyendas como las cenas de príncipes y mendigos que organizaba en Nueva York con ricos esnobs y mendigos elegidos por su físico. «Recuerdo que cuando ya estaba enfermo, no se encontraba a gusto y no quería vernos, pero un día nos llamó y nos recibió al fondo de la sala cantando una canción regional eterna, temblando cada vez más por el Parkinson… Cuando terminó nos dijo: ‘Ya os podéis ir, ya habéis visto una película de Buñuel’». Quería ser inmortal y escenas como ésta le ayudaron a conseguirlo.

El Mundo

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