Poesía

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Nunca fui una mujer grande
ni de grandes lluvias
ni de grandes silencios
Hasta mis manos me parecieron pequeñas
cuando quise agarrar o dar

Me gustaron los espejos como el de Alicia
para traspasarlos y encontrar otros mundos
para acabar regresando a casa
con mirada nueva y pies descalzos

Se me cayeron tantas veces las flores del vestido…

Fui de primavera y a veces de invierno
pero hice del hielo mil muñecos
con bufanda y nariz de zanahoria
me reí con ellos
froté mis manos frías
y volví a comenzar

Siempre miré la vida lavándome los ojos
borrando los recuerdos de agonía
aunque fuera con agua de sal
Se mi hizo en ocasiones estrecha
y me sentí pequeña hormiga
bajo un zapato encogida
escondida de la pisada
supe después escapar

También navegué con el viento a favor
a toda vela, pero sin prisa
tan solo dejándome llevar

Lloré, reí y hasta pude jugar…

Mis noches de insomnio fueron pocas
pero como pozos en la garganta
me llegaron a atravesar

En contados momentos fui lo que no quise ser
deslumbrada por soles de mentira
se me hizo difícil caminar

Pero hoy que pesan en mi espalda los días
sé que después de perder la sonrisa
por más que parezca imposible
y aunque me cuenten y me cuente mil mentiras
por muy frondoso y oscuro que sea el bosque
siempre la volveré a encontrar
Porque después de todo, he aprendido a vivir
y sé bien lo que es luchar.

Ana Vivero Megías

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