Decía Porfirio Díaz que Méjico estaba muy lejos de Dios y demasiado cerca de so Estados Unidos y algo parecido les ocurre a los marroquíes y ciudadanos de otros pueblos de África, que aunque por lo general son más creyentes que nosotros, eso no significa que estén más cerca de Dios que de la ira de los hombres, porque su gran aspiración es vivir lejos de su país para poder alejarse de la pobreza, la falta de libertades que padecen en un lugar donde la esperanza a veces es un lujo.

Hoy todo el mundo habla de del asalto consentido por las autoridades de Marruecos de miles de jóvenes mujeres y niños al territorio español por parte de miles de marroquíes que han sido usados por las autoridades de su país como material de desecho para causarle un perjuicio a España, y yo no voy a referirse a las causas ni al contencioso eterno entre nuestro país y el suyo, sino al suceso humanitario que supone poner en riesgo vidas de compatriotas para fastidiar a un gobierno con el que tienes un conflicto político.

Hacer eso es inhumano, pero es fácil, porque se juega con los sueños de unos hombres mujeres que saben que en su propio país no van a tener las oportunidades de bienestar a las que aspiran y que en Marruecos les niegan.

Los gobiernos siempre utilizan a sus ciudadanos para su propio beneficio. Unas veces los mandan a la guerra mientras ellos permanecen en la retaguardia y luego dicen que lamentan las victimas a las que no han protegido.

Los marroquíes que han nadado para escapar a nuestro país, y de ahí a otros, son mejores que sus dirigentes, como también son mejores que nuestros gobernantes los miembros de la Cruz Roja y los militares españoles que han salvado a menores de morir ahogados.

Diego Armario