DOLOR UNÁNIME POR GABRIEL

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DOLOR UNÁNIME POR GABRIEL

No es exagerado decir que toda España está consternada por el trágico desenlace de la desaparición de Gabriel, el pequeño de ocho años al que se buscaba desde el pasado 27 de febrero en Níjar. La esperanza de que siguiera con vida se esfumó al mediodía día de ayer, cuando agentes de la Guardia Civil detuvieron a la actual novia del padre del niño mientras intentaba trasladar el cadáver de Gabriel en el maletero de su coche. Todo en este suceso resulta escalofriante.

Y el hecho de que alguien tan cercano al chaval esté detrás de su muerte no hace sino añadir dolor a un caso que vuelve, una vez más, a hacernos cuestionar hasta qué punto puede ser oscura el alma humana. El cinismo de la presunta culpable es tal que el viernes participó en un acto con los padres de Sandra Palo y Marta del Castillo en favor de la prisión permanente revisable.

No hay consuelo para los familiares del pequeño. Y tampoco resulta fácil contener tanta indignación social. Sólo cabe en este momento, además de trasladar todo el apoyo a los padres, poner en valor el gran trabajo realizado por los investigadores de la Guardia Civil y por tantos especialistas y efectivos de emergencias que se han volcado en la búsqueda de Gabriel. Su desaparición provocó una inmediata ola de solidaridad en todo el país, pero también una lógica y angustiosa preocupación. Este tipo de casos desatan un enorme desasosiego, que había crecido con los días al parecer que la investigación se encontraba en punto muerto.

Ahora sabemos que no era así. Desde hacía una semana, la Guardia Civil tenía puestas todas las sospechas sobre la detenida. Estaba siendo sometida a una exhaustiva vigilancia y se han provocaron algunos movimientos como el que ayer desembocó en su detención. Fue interrogada el miércoles y no se la arrestó ante la falta de certeza absoluta sobre si Gabriel seguía o no con vida.

Cada año hay en nuestro país miles de denuncias de desapariciones. Y de ellas al menos un centenar se confirman. Interior cuenta con equipos volcados sólo en las búsquedas y se ha mejorado mucho la coordinación entre los distintos Cuerpos de Seguridad, a la vez que han avanzado los sistemas de intercambio de datos y los equipos de rastreo. Muchas veces son casos de una enorme complejidad y, por desgracia, no se resuelven. Pero es de justicia hoy destacar tantos esfuerzos, que en el caso de Gabriel han sido evidentes, con la participación de decenas de miembros de policías y servicios de emergencia locales, del Estado y de la Comunidad Autónoma. También ha sido encomiable la ayuda de cientos de voluntarios.

Por último, hay que resaltar la gran movilización ciudadana a través de las redes y el eco en los medios, que han permitido a los padres de Gabriel sentirse arropados entre tanta angustia, aunque por desgracia nada haya impedido que sufran el peor zarpazo imaginable.

El Mundo