Asesinos que matásteis a nuestros padres y ausente la conciencia rematásteis el ánimo compungido de los doloridos familiares con la chulesca criminalidad de enterrarlos en soledad y sin poder velarlos.

Esa psicopatía efervescente que caracteriza a tanto hijo de Satanás era una sospecha permanente que confundía la maldad con la ignorancia ante la responsabilidad directa de un gerontocidio contado a miles, encubierto por una fiscalía como cancerbero de este averno monclovita que esconde tanta maldad como estulticia insoportable. Ahora sabemos vuestras intenciones homicidas y el solapamiento de vuestros ignominiosos rastros de criminalidad.

Causantes de homicidios imprudentes, y provocados, genocidio protocolario no solo por la ensoberbecida inutilidad de una caterva de ruines vagos sino también por la corrompida y putrefacta moral de mamarrachos erigidos en dioses mediocres por mor del engaño y la miserable ausencia de básicos valores, por la comodidad de la irreflexión y la carencia de conciencia.
Resuenan las paladas de eco insondable contra la lápida en la soledad del entierro de mi Padre; rumio su esfuerzo agotado cuando el día anterior a su muerte me entregaron su cuerpo torturado de sedación sin saber que el siguiente día de la diálisis lo conducirían a las garras de la Parca, cuando dio negativa la PCR, condenado a morir con infectados de la maldita Covid.
Asesinado por sedación, como sin llegar al mes lo fue el padre de mi mujer en una residencia donde la Administración suministraba morfina con intenciones homicidas. Al frente de la responsabilidad asumida aquél que aprovechó la tragedia para multiplicar los efectos de un cambio generacional al estilo estalinista. Malditos vivos.
La egolatría de estos vulgares hijos de Satanás ha confesado que la patética ida Irene Montero expuso la vida de los españoles al carroñero servicio de la más sectaria sevicia. La estulta Yolanda Díaz advirtió al criminal cum fraude de las consecuencias de no evitar las concentraciones del 8M y de no advertir del riesgo que entonces sí fue pandémico, asacado de los oscurantistas tejemanejes de los laboratorios de Wuhan.
Lo sabía la que advirtió a puertas cerradas y la tildaron de alarmista y engañó públicamente a remolque de la intención gregaria que convirtió a España en un matadero, con instrucciones añadidas de protocolo de exterminación con responsabilidad asumida del nauseabundo Pablo Iglesias.
La ambiciosa como inepta Yolanda Díaz quiso enaltecerse con fines personalistas y la repulsiva confesión la ha convertido en testigo y cómplice de asesinato masivo. Irene Montero debería estar sentada ya ante los jueces con los grilletes puestos por las mismas Fuerzas de Seguridad del Estado que los colocarían con alivio a este desgobierno aranero, traidor y sembrador de muerte, ruina y cizaña.
Presuntos culpables de homicidio masivo y el resonante, ensordecedor e ilimitado choque de la herramienta que dejó a mi Padre en el cementerio de San Justo. Aborrezco sus inútiles existencias como repugnan a España. Se revolverán en los vertederos del alma donde arrojarán esos cuerpos que se mueven por inercia con el vacío evidente de miradas muertas.
Caerán en el pozo sin fondo cavado por sus demoníacas obras. Pero antes sean juzgados en vida, derribados a patadas de Justicia del Pueblo harto y zarandeados hasta los tribunales para dar cuenta de tanta traición de demencia colectiva, como delictiva, practicada con una específica maldad solo inspirada a auténticos hijos de Satanás.
Formalmente las confesiones acusatorias imponen convocatoria de elecciones anticipadas, de ser posible otra justicia acorde al cariz criminal de Pedro Sánchez y sus secuaces, sería más taxativa en otros tiempos y distintos países que odiaron a los causantes de sus tragedias.
Pero esa  Justicia inesquivable será de Dios que espera inexorablemente el último latido de estas alimañas enemigas del mundo.
Amén, demonios, Amén.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )