Son un hatajo de fanfarrones que se presentan a sí mismos como los líderes de un movimiento que regenerará la sociedad española mediante una inyección de suero republicano. Pero son cobardes.

¿Alguien se imagina al chisgarabís Pablo Iglesias entrando clandestinamente en la España de Franco con instrucciones del Partido Comunista, como lo hacía Jorge Semprún? Cobardes, no se arriesgan a emplear las tácticas violentas de sus precursores revolucionarios, sino que operan cómodamente arrellanados en las poltronas de la Moncloa

 Y actúan como si desde esta posición de privilegio conquistada con nocturnidad y alevosía, pudieran cancelar el parte del 1 de abril de 1939 que dejó una huella imborrable en la historia de España:

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

La guerra terminó pero ahora los cobardes hurgan en sus cicatrices para sacar provecho de su contenido atrófico sin correr ningún riesgo.

Los cobardes usurparon el poder mediante un pacto de investidura concertado con los enemigos de su patria y lo utilizan para poner la historia patas arriba, sancionando leyes espurias con las que pretenden simular que es posible liberar y rearmar al Ejército Rojo para hacerlo marchar rumbo a la victoria.

Y conseguir así que España se convierta, como si nada hubiera pasado, en un mosaico de republiquetas étnicas y totalitarias. Un delirio típico de mentes desquiciadas.

Lo que indigna y confirma la falta de escrúpulos del equipo sanchista-comunista, es que la vicepresidenta Carmen Calvo haya tenido la indecencia de apropiarse del nombre de la insobornable Clara Campoamor, mencionándola como fuente de las leyes de fraude histórico. Calvo jamás habría tenido ni tendrá el coraje de cantar verdades como lo hizo Campoamor.

¿Hablábamos de cobardes bien recompensados?

Como buenos cobardes, los felones que nos desgobiernan apuntalan su campaña de tergiversación encarnizándose con quienes no pueden defenderse: la momia del sublevado Francisco Franco que ocupó el lugar que lo traidores a la República democrática habían dejado vacante, y una Fundación de nostálgicos que perseveran en el culto a esta momia

Pero no son ni la momia ni los nostálgicos quienes están desmembrando España. Y los cobardes capitulan ante los cainitas que sí lo están haciendo, y les prometen el indulto a las penas que la Justicia les impuso por sedición, malversación y desobediencia, ciñéndose al Código Penal.

Si los cobardes quieren viajar hacia el pasado por el túnel del tiempo acompañémoslos. Para demostrarles que el Ejército Rojo sigue cautivo y desarmado y no volverá a levantar la cabeza en territorios de la civilización occidental y de la OTAN para descuartizar y bolchevizar España como ellos anhelan.

PS: Peor que cobardes. Traidores emasculados cuando vetan la presencia del Rey en Barcelona para congraciarse con los enemigos de su patria. De nuestra patria. 

Eduardo Goligorsky ( Liberta Digital )