ASÍ ( O PARECIDO )

Una estancia parca, sin alardes, pero luminosa y con un correcto mobiliario funcional. Se abre la puerta de barrotes. Entra un hombre fornido, de 49 años, vestido de traje sin corbata y acompañado de un guardia, que lo guía con la deferencia propia de un escolta. En la salita lo aguarda sentado otro hombre, de 40 años, un poco cargado de hombros, que al ver entrar al individuo se yergue rápido y lo saluda con exagerada sonrisa servil. Se dan la mano; una un poco sudada, la otra ancha, tranquila y envolvente. El guardia se retira. Ya solos, comienzan a hablar.

«Es una vergüenza que estés aquí. No se puede encarcelar a las ideas», arranca el hombre más joven. El otro individuo, de mirada rara y ausente, asiente con los modales tranquilos de un abad campestre del Medievo, pero nada dice. El visitante sigue hablando: «Nos tienes que ayudar. Tienes que hacer el esfuerzo de olvidar por un instante lo injusto de tu situación.

Toca aguantar un poco y mirar a largo plazo. Yo también soy partidario del derecho a decidir y creo que el proceso soberanista catalán ha abierto un espacio de discusión muy positivo. Además me considero marxista, me sumé a las Juventudes Comunistas en Segundo de BUP, y estuve allí siete u ocho años. Los marxistas sabemos bien que el momento leninista es la excepcionalidad, ese instante de la política que tiene que ver con las circunstancia específicas de un momento dado.

El Capital de Marx no está para tenerlo en una estantería, está para estudiarlo y aplicarlo. Lo que vivimos ahora es como elegir entre Coca-Cola y Pepsi-Cola. Nosotros tampoco lo consideramos una democracia. Solo se puede definir algo como democracia si sirve para cambiar las cosas».

El hombre corpulento escucha impertérrito, hasta que hace una pregunta con su voz campanuda: «¿Y todo eso cómo afecta a la situación de los que estamos presos?». El hombre más joven vuelve a animarse: «Nosotros aprendimos mucho trabajando en América Latina. Casi sin darnos cuenta estábamos construyendo una especie de armamento. Nuestra táctica hasta ahora ha sido pillar al enemigo desprevenido y llegar hasta la cocina, para una vez allí hacernos fuertes y resistir. Nos queda el último paso, que llegará, y cuando se mire con perspectiva histórica parecerá algo increíble.

Los valores dominantes están siendo cuestionados y ahí es donde nosotros intervenimos. Conocemos bien la historia de este país y el terreno de la batalla política, que no está en el Parlamento ni en la prensa, está en la televisión. Nuestro país no se merece un jefe de Estado que no se presenta a las elecciones. Aquí se va a abrir pronto un proceso constituyente como alternativa al Régimen del 78.

Creo que Pedro también lo ve así. Y entonces, con ese nuevo marco constitucional, tendréis el derecho a decidir y el referéndum de independencia. También habrá una solución rápida para los presos, por supuesto. Eso es lo que ahora nos jugamos. Si vosotros decís no a nuestros presupuestos, si provocáis la caída de este Gobierno de izquierdas, la alternativa será la ultraderecha. Esa es la decisión que tienes que tomar».

Luis Ventoso  ( ABC )
viñeta de Agustín Muro