ASÍ SUENA EL GOLPE

La primera víctima del independentismo ha sido la estética. Las tertulias se fueron llenando de metáforas idiotas, de cursiladas grimosas, de estribillos de convivencia salesiana. Esas viscosidades del ya he desconectado, no nos entendéis, la comodidad, el encaje, la seducción, el derecho a decidir, la desafección y la madre de todas las consignas parvularias: el choque de trenes. Tal y como se ha comprobado, no hay dos trenes circulando en dirección contraria por la misma vía. Si queremos jugar a las metáforas, el Estado sería, en todo caso, la vía por la que circula la locomotora de la Generalitat. Si no quiere descarrilar, claro.

El universo poético de los rapsodas del nacionalismo se impuso a la realidad. Mary Shelley definió a su doctor Frankenstein como el moderno Prometeo. Los posmodernos prometeos son editorialistas vaticanos, socialistas tripartitos, convergentes sin escrúpulos, empresarios cobardes, famélicos aristócratas, codiciosos mesetarios, melifluos diputados, empresarios cobardes y miles de provincianos anacrónicos. No sólo dieron vida a un monstruo, también le crearon un universo para que lo habitara y donde pudiera crecer a gusto. Un universo de palabras, almibarado y empalagoso, en el que sólo rige la pura lógica nacionalpopulista.

El establishment español, casi en pleno, se prestó a que la batalla se librara allí. Por eso el discurso del Rey fue decisivo. Porque no empleó ni uno sólo de los abracadabras que conjuran el hechizo nacionalista e hizo que miles de ciudadanos se cercioraran de que no estaban locos y, sobre todo, de que no estaban solos.

Lo que Puigdemont demostró con su penosa comparecencia de ayer fue la solidez del Estado. Del Estado a pesar de todo, cabe precisar. A pesar del miedo cerval del Gobierno, de las servidumbres del principal partido de la oposición, del oportunismo de los mediadores vocacionales y de la traición de Podemos. El procés no sólo ha sido prodredumbre. Le ha concedido a los españoles el raro privilegio de escuchar cómo suena cuando un hombre se golpea contra el muro del Estado. Y suena así: “Saben que he estado dispuesto a convocar elecciones siempre y cuando nos dieran unas garantías que permitiesen que se celebraran con absoluta normalidad”.

El PP ya había filtrado que aceptaría la enmienda del PSOE que paralizaría el 155ante una convocatoria de elecciones autonómicas. ¿Cuáles eran entonces las garantías que pedía Puigdemont? Sí, aquellas que el Gobierno no puede conceder en un Estado democrático.

Rafa LaTorre ( El Mundo )

viñeta de LindaGalmor