AZNAR Y LOS GARZONEJOS

Los sociatas, proetarras, golpistas y secuaces del asesino Maduro que pueblan el plató de la Sexta Bis deberían haberle preguntado a Aznar por su complacencia con el pujolismo, la dejación de la defensa de los derechos civiles de los castellanohablantes en la Comunidad Valenciana y Baleares y por no haber liquidado la mafia polijudicial de villarejos y garzonejos.

Pero ¿cómo van a criticar en Aznar lo que ellos defienden? Por eso fueron ridiculizados al ponerse chulos con alguien al que no le llegan al alza de la suela de los zapatos. De paso, retrató el daño que el rajoyismo ha hecho al PP. Esa era la derecha que derrotó a Tigrekán, el gran líder de la izquierda en democracia. ¿Cómo? Saliendo a morder, directo a la yugular de la izquierda. La diferencia en el trato a Pablenin de Aznar y Rajoy muestra por qué el PP es hoy la sombra de lo que fue en la oposición y en el poder.

Es suicida que un golpista catanazi o un trincón de Venezuela e Irán ataquen a quien no les concede superioridad moral y vale diez veces más intelectualmente que Iglesias, cien que Rufián y cien mil que el bildutarra. Aznar se los pasó de pitón a pitón y los dejó para el camión de la basura. Pero ¿cómo va a preguntar por la mafia villareja y garzoneja un partido cuyo número dos por Madrid en 1993, tras Felipe González, era Baltasar Garzón?

Sin embargo, como bien explicaba ayer Fernando Lázaro en su informe, estamos ante algo peor que la corrupción de un cuerpo policial, judicial o mediático. Estamos ante una espeluznante trama criminal creada en torno a Interior y la Audiencia Nacional, con policías que van de Harry el Sucio y jueces que van de Capitán Araña cuando sólo son el Señor Lobo de quien les pague. Los ferreras de visón no denuncian esta trama capaz de lograr parar extradiciones y proteger a falcianis de altura y cacos de bajura.

Sin embargo, helos ahí: villarejos y garzonejos, entre los que destaca Delgado, tercera en la lista de la maldición de Cuelgamuros. Dijo primero que no conocía a Villarejo. Enseguida rectificó: «No he tenido trato profesional con sus casos». ¿Y personal? ¿Con los clientes de Castaño, del que su entrañable fue padrino de boda? ¿Hacían igualas polijudiciales?

Garzón quiso ser ministro de Justicia e Interior, por eso fue de dos de González. Temo que, por lo ilegal, lo haya conseguido.

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor