BACHILLERES DEL COVID

Compadezco a los chicos y chicas que hacen las pruebas de Selectividad. No sólo han sufrido la tortura de varios planes de estudio -parece que cada nuevo gobierno se creer obligado a cambiar nuestra enseñanza, con resultados cada vez peores según el informe Pisa-, sino que la última hornada ha tenido la desgracia de coincidir con la pandemia vírica, que obligó a suspender las clases y hacer el curso por internet.

Por internet se pueden hacer muchas cosas, entre ellas, enviar esta columna desde casa, pero lo que no puede hacerse es educar, enseñar, formar, porque falta el elemento principal: el maestro, el profesor, que expone la materia y despierta el interés en ella del alumno, sin el que nunca irá más allá de lo necesario para aprobar.

Este es el segundo gran falló de régimen del 78: que prestó toda la atención a los planes de estudio, casi siempre con criterios ideológicos, y apenas atendió a formar profesores capaces de enamorar a los alumnos por su asignatura. Es como la «generación más formada» tiene fallos tremendos en su equipaje intelectual, como muestran los debates parlamentarios, que van convirtiéndose en un intercambio de insultos y una apelación constante al «¡Y tú, más!», que nada resuelve y todo lo confunde.

Bueno, o más bien malo, como les decía, los pobres bachilleres de 2020 han tenido que hacer su «reválida», sin clases presenciales. Menos mal que, dicen, se ha tenido piedad de ellos y las preguntas han sido más fáciles de lo acostumbrado, pues de ser como siempre tendríamos una escabechina mayor que la del Covid-19. Pero lo pagarán de una forma u otra.

¿Qué les espera a esas chicas y chicos? Pues un panorama laboral desolador. El paro vuelve a crecer, muchas empresas siguen cerradas y la recuperación anunciada para 2021 no va a cubrirlo, si es que cubre algo. Aunque no es eso lo peor. Lo peor es el desánimo general, la desconfianza generalizada, la falta de modelo y ejemplo en las élites. Leo en titular a uno de los políticos más preciados «A España le iría muy bien un gobierno a la alemana».

Algo así lo vengo oyendo desde niño, aunque referido a los ingleses y escandinavos. Pero en España no hay alemanes, ni ingleses ni escandinavos, sino españoles. Y todo apunta que políticos también españoles. Otro de ellos, también exitoso, reclama los «derechos históricos vascos»

¿A qué derechos se refiere? ¿A los de pernada? Porque la Constitución española establece que todos los españoles son iguales ante la ley. Pero parece que vamos hacia atrás en vez de hacia delante. Para resumir: que si me ofrecieran quitarme 75 años, diría que no.

El panorama entonces era tremendo, con la II Guerra Mundial terminada y Europa en ruinas, pero con una serie de proyectos ilusionantes en marcha, el de la unión europea especialmente. Hoy, ha terminado otra guerra, la fría, con el triunfo de la democracia, pero Europa está encallada.

España, cuestionada desde su propio gobierno y los españoles preguntándose cada mañana con qué mala noticia abrirán los telediarios.

José María Carrascal ( ABC )