Según Dostoyevski llegará un día en que la tolerancia sea tan intensa que se prohibirá pensar a los inteligentes para no molestar a los imbéciles; ese día ha llegado. Antes lo llamaban la dictadura del proletariado, pero con el marxismo que dicen cultural, cambiaron las palabras que nombraban a las cosas. Ahora eso es «progreso» y sus adeptos los «progresistas».

«Se podría afirmar por tanto que la izquierda española no ha aportado prácticamente nada al pensamiento español y tampoco al universal», escribió Ramiro de Maeztu. Pues es la izquierda la que se ha erigido en la abanderada de la vida, desde la transición. La que tiene que decirnos quién es bueno y quién es malo, qué es la verdad, y lo que hay que hacer y pensar.

Y a juzgar por el estado de descomposición al que ha llegado la sociedad, de mano de los «progresistas» mediante el engaño, la propaganda y el adoctrinamiento ideológico, queda palmariamente demostrado que no aportó a la Humanidad nada bueno, sino todo lo contrario. Con el «progresismo» al ser una mentira, fue todo a peor. «Progresistas» en el mal.

Hoy cuando los perros y mascotas son considerados personas, y las personas tratadas como animales, se ha enterrado la razón y sus atributos con todo rastro de raciocinio y sentido común. Reina la destrucción y la locura, con la estupidez. No se protege al hombre del lobo, si no, al revés. El hombre no tiene ningún derecho frente a quien le puede arruinar la vida que los tiene todos: el lobo, el delincuente, el ocupa y la administración estatal, que lejos de protegerlo va a acabar con él.

El gobierno prohíbe la caza del lobo en todo el territorio nacional porque quiere que coman a los españoles; como si no les llegara con los lobos de dos patas y con la subida astronómica de precios e impuestos del gobierno. Eso pasa cuando los delincuentes ocupan el poder, y dejan en la calles a sus amigos de fatigas que han de proteger. Las buenas personas pasaron a ser los malvados que hay que liquidar porque así es el mundo al revés, y para eso subieron al poder los revolucionarios: para matar a la buena gente. Los verdugos ahora son las víctimas.

Bien lo decía Lenin, después Francisco Largo Caballero, el «Lenin» español, y ahora el coleta cortada, hijo de un terrorista, Pablo Iglesias Turrión, y sus secuaces, sobre cómo acabar con los buenos: «Sus casas deben ser allanadas y ellos encarcelados, precisamente por eso, porque ellos son personas buenas. Siempre mostrarán compasión por los oprimidos. Siempre estarán contra la persecución».

En una palabra, que la buena gente sobra porque no es revolucionaria. Estos individuos que llegan al poder engañando que es para hacer el bien, hacen todo lo contrario; lo primero es asegurarse para no soltarlo, y dar un paso más adelante en su aberrante dirección.

No quieren la democracia si no como medio de acceso al poder para luego destruirla. Sin democracia ya no hay oposición, y la que surja la combaten a tiros. «Hay que ocupar», repite Pablo Iglesias, para animar a los ocupas y aumentar el ejército de delincuentes.  Para incrementar la violencia. No hubo nadie que les dijera nada, salvo VOX. Adiós a la propiedad privada y a la libertad que es consustancial a ella.

A nuestra última propiedad que es nuestro propio cuerpo, que según ellos, y ya de niños, pertenece al estado, o sea a los directores comunistas. Para matar niños indefensos parece ser que no les llega con el aborto, o muerte del nasciturus. Y otra perla marca de la casa, la eutanasia, para concluir la vida. Pues es ésta y la libertad, la que toda esta gentuza, no soportan.

A la persona viva y libre la quieren muerta, física y moralmente. Que no tenga vida ni libertad, o sea, propiedad alguna. Bien lo dice la Agenda 2030, «no tendrás nada y serás feliz». O sea, que no tendrás ni la vida. Que estarás dando ortigas. ¿Cabe mayor sarcasmo?

Todos los principios, raíces de nuestro ser, nuestro fundamento de estar aquí, nuestro pasado y presente, son eliminadas por los corruptos «progresistas», depravados y puteros socialistas que están ahí, como que sí, como que no, -ni perro dentro, ni perro fuera- nada más que chupando mariscadas y dinero, mamoneando, para dar paso al totalitarismo comunista absoluto, sin compasión y regado de terror y sangre, y donde se acaban bajo la cruel dictadura, las contemplaciones, todo el baile humano y negociación.

Los socialistas son unos dictadores y enemigos de España, que ya destrozaron, y viven de la receptación, de tomar el dinero robado a los demás, según su propia administración. Reparten muy bien, pero solo entre ellos y quitándoselo a los demás, convencidos de que el dinero público no es de nadie, como asegura Carmen Calvo. Viven del caciquismo, del desfalco y el chantaje.

Veamos los viejos sindicatos que ya estaban cuando la guerra. UGT y CC.OO. Puente entre el socialismo y el comunismo, si les hubiera ido mal el negocio, ya no lo mantendrían. El sindicato socialista, UGT, tiene 130 años. Ahora están comprados mejor que nunca, por el gobierno criminal, lo defienden a capa y espada, en vez de defender a los trabajadores, tras traicionarlos, y por lo que se hicieron sindicalistas.

¿Se puede conseguir mayor ejemplo de corrupción y robo que nace de este gobierno nauseabundo?

Fígaro ( El Correo de España )