Está convencido de que el tiempo vuelve épico hasta lo más vulgar, y no le falta razón.

He ahí la Toma de la Bastilla, que no fue más que un asalto de okupas sin oposición armada (tal como sucede hoy) que puso en libertad a un aristócrata salido, pajillero y pervertido como el Marqués de Sade, o los cantos homéricos a la Transición y a lo mucho que nos costó traer la democraciaquenoshemosdado, cuando lo cierto es que si Franco hubiera sido de poliuretano, tan invencible en la biología y en el calendario como lo fue en la Guerra y en la Paz, hoy estaría tan a gusto y Augusto en El Pardoestepaís seguiría siendo España y Pablo Iglesias estaría trabajando con el Régimen Franquista, tal y como hicieron con entusiasmo y mucho beneficio su abuelito y su papá.

¡Pero qué se le va a hacer! , la Toma de la Bastilla y la Transición están revestidas de una épica tan de cartón piedra como el torpe sainete que acaba de escribir Pablo Iglesias con unas balas de atrezo acompañadas de una amenaza de matasiete (¡agárrame que le mato!) escrita con caligrafía parvularia.

Después de disfrazarse en el debate de Telechotis, en el que fue destripado como un mameluco por Isabel y Rocío, las manolas de la Derecha, de centurión Moño Erectus al mando de la UME, hasta que Margarita Robles le quitó los galones de guardarropía que se había autoimpuesto, y viendo que el 4 de mayo va a ser el Waterloo, sin ninguna épica y con mucho pitorreo madriles e ibérico, de lo que queda de Podemos, a Pablo Iglesias no se le ocurre nada mejor que urdir una historieta de Hazañas Bélicas, con unas balas tan inocentes como un sonajero y tan inútiles como su tocayo y cómplice, Echenique.

Como es un zoquete comunista, no escarmienta. Al día siguiente en la SER (Radiovaticano de la progresía) se desgarró apocalíptico advirtiéndonos de que estamos ya como en la Alemania Nazi (¡uuuuy qué acojone!) y proclamando, como una epifanía, la imperiosa necesidad de una Alarma Antifascista.

Por cierto, si estuvieramos en la Alemania Nazi, dada su genética de servidumbre al vencedor, heredada del abuelito y de papá, él iría con una esvástica en la manga y un ¡Heil Hitler! en la lengua como hicieron la mayoría de los comunistas germanos cuando le vieron las orejitas al lobo pardo y las caderas a las walkirias nacionalsocialistas. Que esa fue la verdadera épica de los comunistas alemanes, y no la que después les fabricaron en la factoría propagándistica del Kremlin.

Bueno, pues en la Radiovaticano de la progresía, Rocío Monasterio, que toreaba sola, humilló al falso centurión Moño Erectus clavándole una estocada de astifina ironía a cuenta del chusco sainete de las balas de atrezo y de la torpe caligrafía del letal ultimátum.

Como las heridas del ridículo son mortales de necesidad, le tuvieron que sacar del albero radiofónico las mulillas de la SER, después de pasar por el consolador regazo de Ángels Barceló que le dio los mimitos que su difunta paisana, Carmen Chacón, le pedía a Rubalcaba, el autor del sainete de distracción, dispersión y despiste del 11-M voceado por el más bobo de los hermanitos GabilondoRocío Monasterio, lidiando sola, sentada y sin despeinarse, cortó dos orejas, rabo y moño y salió a hombros de las ondas hertzianas, mientras Ángels Barceló, sin peineta y sin mantilla, que eso es demasiado español para una butifarra catalana como ella, derramaba lágrimas y moquitos democráticos sobre el  micrófono.

Atentos a sus pantallas que el sainete de Hazañas Bélicas de Pablo Iglesias no ha terminado. Ya verán como antes de que el 4 de mayo cante el gallo de la mayoría absoluta de la Derecha, nos cuenta que a Irene Montero, o a la que sea que para entonces le caliente el tálamo, le han metido una cabeza de caballo en la cama. Al tiempo.

Edurdo García Serrano ( El Correo de España )