BARCELONA NO ENTIENDE QUÉ LE PASÓ

Barcelona todavía no ha entendido qué le pasó hace un año y por eso el homenaje de ayer fue confuso, vulgar y desangelado. La sensación de que no sabíamos exactamente a quién homenajeábamos, ni por qué; y la sensación, más tenue, pero más grave, de que todavía no hemos aprendido de quién nos tenemos que defender.

TV3 llamaba «Estado Islámico» a los terroristas, por su nombre propagandístico, sin llegar a mencionar en ningún momento que eran islamistas. La retransmisión del acto dio casi la misma cobertura a las acciones de la banda callejera de los CDR que a la celebración institucional. Igualmente, convirtió en acontecimiento, hasta con un «enviado especial», una sola pancarta desplegada contra el Rey, y se mofó de los que pedían que fuera retirada. Por el tono y la decantación de los comentarios del presentador, Toni Cruanyes, daba la sensación de que consideraba que los europeos éramos mitad víctimas pero mitad culpables de las distintas masacres islamistas que hemos ido sufriendo.

Cuando en 2010 el Papa Benedicto XVI visitó Barcelona, Cruanyes y su novio colgaron en el balcón de su piso una pancarta con el lema de rechazo al Santo Padre «Yo no te espero». No se le recuerda al periodista ninguna pancarta contra el islamismo, ni por su terrorismo ni por cómo asesina a los homosexuales. El homenaje de ayer en Barcelona estuvo ordenado en lo estético, pero fue de un vacío moral sin duda propio de la magnitud intelectual, cultural y espiritual de su organizadora, la alcaldesa Colau; así como de una sociedad tan ensimismada que no llora ni por sus muertos.

El relativismo atroz lo encarnó, con quirúrgica precisión, la elección de Gemma Nierga como portavoz del acto. No le pidió al presidente del Gobierno, como hizo en el homenaje a Ernest Lluch, que «ustedes que pueden, dialoguen» con los islamistas, pero sí que en su parlamento apeló a la «pluralidad religiosa y moral», para en realidad acabar estableciendo una infame equiparación religiosa y moral, cuando hasta dónde sabemos, no hay nadie que en nombre de Dios vaya atropellando a gente por la calle; ni puede considerarse en modo alguno lo mismo nuestra vida libre y la obsesión asesina por destruirla. Que a diferencia de los islamistas, estemos dispuestos a aceptar y a convivir con más de una idea, no significa que no haya bien y mal, civilización y barbarie.

Pero lo que sin duda puso el colofón al despropósito fue la interpretación de la canción Imagine de John Lennon, el himno más sectario y que de una manera más cínica predica la destrucción de Occidente. Un siniestro canto al nihilismo y un insulto a los valores cristianos de La Civilización, que es precisamente contra lo que los islamistas atentaron hace un año en las Ramblas.

Lo que ni Ada Colau, ni el gobierno de la Generalitat, ni probablemente el de Pedro Sánchez son capaces de entender es que para el terrorismo islamista, las víctimas concretas y personales, son sólo su propaganda, y lo que de verdad quieren asesinar es nuestro amor y nuestra libertad. Todos fuimos las víctimas del atentado del año pasado, y no sólo por empatía con las personas que perdieron la vida sino porque fuimos el verdadero objetivo del atropello.

No hay sociedad más banal, ni más vulnerable, que la que no entiende de quién tiene que defenderse, ni por qué. Cualquier equidistancia entre la Gracia y la barbarie conduce irremediablemente al imperio de la tiniebla y muerte que los terroristas pretenden.

En la sombra de las velas de ayer en Barcelona se dibujó la tragedia de los que vuelven a sufrir porque no aprenden de la Historia.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor