Durante el tiempo que esté la ‘Ley Celaá’ en el Senado intentarán colar enmiendas. Lo que no se explica, no sirve ni se afianza. Poner palos en las ruedas no es la mejor forma de trabajar ni la más honrada.

Estudiada con detenimiento la futura LOMLOE, compruebo que es peor que lo que hay, además de represiva y contradictoria. Eso sin entrar en el excesivo y vulgar uso del lenguaje inclusivo que, por reiterativo, aburre y convierte en hazmerreír a los partidarios de tal despropósito.

En el caso de la concertada no hay duda de que va a cambiar, pero lo hará a peor por la restricción en cuanto a la elección y por la “cuña” de meter a la administración educativa por medio. Desaparecer, no desaparecerá; no obstante, se pretende sentar las bases para un pleno control muy propio de sociedades dictatoriales que pueden llevar al ahogamiento de esa oferta educativa. Y ahí es donde hay que dar la batalla hasta la extenuación.

Al Gobierno  ‘Frankenstein’ le preocupan mucho los grupos de su entorno que se han mostrado  contra el  desprecio a la enseñanza concertada. Me refiero a los nacionalistas – la derecha autonómica catalana y vasca– que unieron su voto en el Congreso de los Diputados a los de Ciudadanos, Partido Popular y Vox.  Ya lo ven: el PNV y Junts Per Catalunya van tanto a su bola que no dudan en ‘cambiar el rabo’ si con ello obtienen rentabilidad. Siempre dispuestos a ‘pillar’ botines de malos políticos o de partidos con un programa restringido a su terruño.

Para el partido en el Gobierno cualquier método sirve con tal de  ver aprobada  su totalitaria y mediocre ley de Educación: es una forma de controlar el modelo, a la comunidad educativa y a los jóvenes. Y para eso va a utilizar a la Inspección en un intento de controlar al alumnado y profesorado en todos los ámbitos.

En el Ministerio de Educación no han dudado en retorcer la reglamentación cuanto han podido. ¿Cómo lo ha hecho? Distanciándose de la comunidad educativa, evitando debates, no confrontando ideas y trabajándose al independentismo. Y ya conocen el resultado: acaloradas protestas en la calle, enfrentamientos en el Congreso y Senado, así como oídos sordos y aplausos por parte del Gobierno.

Tanto Pedro Sánchez como su ‘perrito faldero’, Iglesias, creen que están cerca de lograr su plan; ese no es otro que acaparar el control en la educación y sentar las bases del adoctrinamiento más cutre y vulgar. Casi tan vulgar como algunas páginas del proyecto de LOMLOE, en las que comprobamos “sesudas” modificaciones donde sólo se añade el femenino de algunos sustantivos; constantemente añaden coletillas como: “…y niñas”; “…y alumnas”; “…y profesoras”; “…y madres”, por poner ejemplos que se repiten hasta la saciedad.

Constantemente se leen ese tipo de añadidos hasta que llega uno (“…o una”) a la página 165 del proyecto (Disposición adicional trigésima octava) y en lo que se refiere a la lengua castellana, lenguas cooficiales y lenguas que gocen de protección oficial leemos bien resaltado en amarillo: “El castellano y las lenguas cooficiales tienen la consideración de lenguas vehiculares, de acuerdo con la normativa aplicable”.

¡Toma castaña! La guinda que remata el pastel: era preciso poner el añadido ese de “…y las lenguas cooficiales”, respecto a la lengua vehicular, para recibir el apoyo presupuestario del ‘republiqueta’, Gabriel Rufián de ERC.

No hay que llevarse las manos a la cabeza si el PNV presenta enmiendas en el Senado a la reforma de la ‘Ley Celaá’. Sus únicos objetivos son la  defensa del sistema educativo vasco  y, si de paso cae algo, miel sobre hojuelas.

Dudo que entre en lo de la  lengua vehicular, como sí ha hecho Ciudadanos. Por ahí el nacionalismo de Sabino poco puede arañar, salvo que vea claro el interés y opte por mirar al tendido en esa cuestión, pero lo dudo mucho. Le interesa más la defensa de la escuela concertada, lo mismo que a ‘Junts’.

No me sorprende que, dada la preocupación que la reforma educativa genera en la ciudadanía, de repente haya aparecido el ‘látigo’ comunista intentando alejar y desviar la atención, como siempre hace: lo mismo si se trata de la financiación del partido probolivariano  como si se trata del fraude de la “Neurona” de Monedero, del acorralamiento al jefe de las finanzas de la extrema izquierda o del ‘affaire’ de Dina Bousselham.

Y ahí tenemos a Unidas Podemos pidiendo o exigiendo que el castellano sea lengua vehicular en la comunidad de Madrid. Según esa formación tan poco edificante se prioriza el inglés en muchos centros. Ya pueden reírse si lo desean porque tal petición está catalogada con un alto índice de absurda y miserable. En esta formación comunista cada vez más actúan cual niños bitongos, pero anidados en la tontería y en la ignorancia.

No sólo se ha limitado a exigirlo sino que el grupo parlamentario de Unidas Podemos ha registrado una iniciativa para que en la comunidad madrileña se adopten “medidas tendentes a que el castellano sea la lengua vehicular en la región”.

Pueden reírse, amigos lectores, es algo así como si desde Salamanca o Valladolid se solicita eso mismo para la comunidad de Castilla y León. Dan su argumentación es muy pobre y la fundamentan en la existencia de los centros bilingües. ¿Después de treinta años de la aprobación de la LOGSE?

Y para arreglarlo, después, aluden a la implementación del modelo bilingüe donde insisten en que el inglés es el que actúa como lengua vehicular en Madrid. Me gustaría saber qué dirán en la formación de Pablo Iglesias cuando se enteren que el español va a ser obligatorio en China como segunda lengua en todos los centros de enseñanza.

Sí, como lo leen. Las autoridades de Pekín han encontrado un tremendo potencial económico en la lengua cervantina y no dudan de su valor estratégico. No tardando el español y el inglés estarán al mismo nivel en el “Catay” de Marco Polo.

Y los catalanes todavía con esos pelos e insistiendo en adaptar la Historia a su conveniencia: alguno de sus enrevesados y ‘locos’ historiadores divulgan que la santa abulense, Teresa de Jesús, era catalana, al igual que lo era Cristóbal Colón.

Pero eso lo explico en otro momento.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )