A cualquiera le pueden defraudar, engañar o traicionar, pero hay algunos que se lo buscan. Así todos los que alguna vez nos hemos metido en política. Vas y saltas a la piscina sin mirar, dejando trabajos envidiables. No aludo a aquellos con coste de oportunidad igual a cero; ahí es comprensible que la gente se apunte a un bombardeo.

Aprecio demasiado a Pablo Casado para diseccionar esta frase suya: «Lo difícil no es invocar la libertad de uno mismo, lo difícil es defender las libertades de todos». Si no me constara su bonhomía, le llevaría hasta los procesos de Moscú, le hablaría de disidentes cuyo partido espera convincentes ejercicios de auto negación.

Porque en realidad no hay en política nada más difícil que hacer prevalecer la propia libertad, y nada más fácil que llamar a la disciplina, por ejemplo, «las libertades de todos». Un partido no es lugar recomendable salvo que, como decía, no tengas dónde caerte muerto. E incluso entonces, los espíritus más elevados preferirán la intemperie a comulgar con ruedas de molino.

El ejercicio de auto negación al que asistimos ayer no lo ofreció el PP sino Cs, cuando la ganadora de las primarias en Cataluña explicó públicamente que se avenía a la cacicada de sacarla de en medio para poner a otro. Como siempre, lamentablemente, hay que explicar lo obvio: no se trata de que el hombre que va a sustituirla valga más o menos.

De hecho, Carlos Carrizosa es un político valiente, endurecido por acosos sin cuento en esa tierra hostil a la libertad y al raciocinio. No tiene que demostrarle nada a nadie porque lleva desde el primer día levantando un proyecto que fue heroico. Pero él no es el tema; el tema es que un partido te utilice como un kleenex y que tú digas que vale, que de acuerdo, y suscribas una peregrina justificación a sabiendas de que resulta increíble.

A Lorena Roldán la apartan porque la promocionó Albert Rivera. Presentó contra Torra la moción de censura que Arrimadas eludió. Ha sufrido un ninguneo permanente en forma de oscuridad y de silencio. Un tratamiento injusto que contrasta vivamente con el que recibió su predecesora en el Parlament, beneficiada siempre con la máxima visibilidad. Las razones no son políticas, aunque los hechos sucedan en ese campo y tengan consecuencias políticas. Son el puro reflejo de un carácter.

No le arriendo la ganancia a Carrizosa. Para encubrir la previsible caída en Cataluña, Cs quiere concurrir allí a elecciones con el PP (lo del PSC es para disimular: saben que Iceta jamás aceptará; si acaso con él como cabeza de lista). Y Casado parece que está dispuesto a ello. Mal negocio.

Yendo por separado, Cs y PPC pueden empatar a unos 10 escaños. Juntos pueden obtener… unos 10. «Sumar» sería entonces dividir por la mitad. A diferencia de lo que sucede en el resto de España, Cs cosechó la mayoría de sus papeletas catalanas entre votantes tradicionales del PSC.

Un segmento que jamás votará al PP.

Juan Carlos Girauta ( ABC )