BERLÍN: DANDO POR EL SACO

En Berlín, los testículos de Occidente, según Nikita Jrushchov, en una habitación sombría, se reunieron dos docenas de catalanes. No eran berlineses al estilo Kennedy, sino supremacistas de excursión que se juntaron cerca de lo que fue la Cancillería del Reich. Ante el silencio de Europa, los diputados de JxCat decidieron impulsar la candidatura de Puigdemont, «el presidente legítimo que salió del mandato de las urnas, a la presidencia de la Generalitat».

Proponen una investidura imposible, una provocación al estilo telemático, basándose en una ley que hicieron a medida. Elsa Artadi, la tapada traslúcida, en un alarde de obstruccionismo parlamentario, declaró que van a aprovechar el periodo entre que la ley se publique y quede suspendida para investir a Puigdemont. Declaró al final que, en el caso de que no pudiera ser elegida la Pimpinela carlista, se nombraría un president provisional, que no títere; es decir, un delegado del prófugo en el Palau. Valle Inclán se preguntaba dónde había algo más ridículo que «esa pajarera nacional que llaman Congreso». Podemos contestar ahora: son más ridículas esas sesiones de fin de semana en la que los legitimistas pretenden hacer una corte de los milagros en Alemania, intentando convencer a algunos necios de que España trata a los independentistas como Turquía a los kurdos.

Como en tiempo barroco, unos sátrapas de provincia, políticos pillos y trincones, azogados por el irracionalismo, siguieron desafiando al Estado y buscando la ruina de Cataluña. Saben de sobra que su polichinela no va a ser investido a distancia porque lo impedirá el Tribunal Constitucional. Pero quieren seguir dándonos por el saco en cónclaves grotescos, en los que Puigdemont se ha erigido en camarlengo del procés, ese gran elector que en el Vaticano prepara la elección del papa con la colaboración del Espíritu Santo.

La alternativa imposible para la santa alianza de la República simbólica de Berlín es: o Puigdemont o nada, o elecciones o República. Ensayan una investidura a distancia para el 14 de mayo y dejan ocho días para que el camarlengo elija papa. No pretenden desbloquear la situación sino enredarla. El sentido común, que en Cataluña se llama seny -sensatez, mesura, cordura-, aquella forma inteligente del materialismo, se derrumba. La DUI fue un atentado al sentido común y ahí siguen lejos de la realidad, cerca del surrealismo, mientras se va pudriendo la convivencia. Juan Carlos Girauta, dirigente de Ciudadanos, da cuenta de insultos en las calles, en el cine, en los restaurantes, entre las familias. «Acabaremos mal», dice el diputado.

Raúl del Pozo ( El Mundo )