Impulso definitivo que el Gobierno ha dado en el Congreso a su ‘Ley de Memoria Democrática’ de la mano de Bildu, comprometiendo así al PSOE de Felipe González por la ‘guerra sucia’ contra ETA, ha encrespado los ánimos de la vieja guardia de ese partido.

A falta de conocer la letra pequeña del proyecto legislativo, el propio González sostuvo ayer que no le «suena» bien.

De facto Bildu y otros partidos independentistas y nacionalistas se salen con la suya abriendo en canal la propia Transición y haciendo llegar prácticamente hasta 1983 la dictadura de Franco, en lugar de enterrarla en 1975, que es cuando realmente tuvo su final.

El resultado es que el PSOE reescribe su propia historia, renuncia a ella, reniega de González y de su primer Gobierno, y todo ello con el único objetivo de no perder votaciones y sacar adelante sus proyectos obsesivos a costa.

Precisamente Bildu, un partido que sigue sin condenar a ETA ni sus más de 800 crímenes, no puede reescribir la historia a su antojo.

Es una cuestión de principios que Sánchez ignora. Y sobre todo, Bildu no es nadie para conceder credenciales de demócrata en España.

ABC