Está muy preocupado el ministro Planas, hombre de campo, por la pertinaz sequía, fenómeno que con el cambio de régimen lingüístico se conoce ahora como ‘pluviometría insuficiente’.

«Vamos a seguir muy de cerca la situación para ver qué medidas se pueden tomar», reconoció ayer el titular de Agricultura en el Consejo de Ministros, foro confesional por el que los ministros van rotando para mostrar al gran público y con periodicidad semanal su compromiso con los problemas de la gente, irresueltos pero seguidos muy de cerca, lo que da mucha tranquilidad.

Un escalón más arriba, a la altura del Falcon y por encima de las nubes, se llega a enterar Pedro Sánchez de que no llueve y suelta mil millones para acelerar la transición ecológica y que caiga la intemerata, principalmente por la parte de Castilla y León, que hay elecciones.

Planas mira al cielo a ver si llueve y lo que caen son los millones de euros -mil de una tacada- con que el presidente del Gobierno riega las tierras para que germinen los votos. «Calienta, que sales», le dijo Sánchez al ministro de Agricultura cuando hace un par de días alumbró la idea de abonar con inversiones electoreras la España vacía y agostada que vota este domingo.

Disponer de una tarjeta ‘black’ con cargo a Bruselas y sin justificación de gastos -de eso se encarga el ministro de turno- da para mucho.

Sin reglas fiscales en la Unión Europea, sin austeridad alemana ni frugalidad holandesa en el horizonte comunitario, Pedro Sánchez tiene billetes para asar una vaca o para meterle fuego a una macrogranja, en vísperas de estas elecciones o de las que vengan detrás.

Jesús Lillo ( ABC )