BOCHORNO EN DAVOS

Es evidente. Si Maduro hubiese sido un dictador de derechas y si el presidente de un Parlamento legítimo se hubiese rebelado contra él, a los diez minutos Sánchez y sus ministros se romperían las manos aplaudiendo al luchador por la libertad. Los tertulianos zurdos jalearían la gesta.

El paquidermo de la UE no tardaría en situarse firmemente con los demócratas. Pero resulta que Maduro es un dictador envuelto en la bandera comunista. Así que la condena de la izquierda a su figura se torna cautelosa, tibia (algunos, como los energúmenos Iglesias y Garzón, incluso defienden al tirano). ¿Por qué? Pues porque aunque el comunismo fue junto al nazismo la ideología más letal del siglo XX -de hecho mató a más millones de personas-, la izquierda sigue contemplando el marxismo, la lucha de clases y el igualitarismo a punta de bayoneta como una romántica filosofía ahíta de noble idealismo.

Además resulta -¡oh escándalo!- que a Guaidó lo apoya Trump, bestia parda de la izquierda europea, que lo ve como un bárbaro de peor calaña que Maduro. Hasta el Papa Francisco fustiga con dureza al presidente de EE.UU. (el jueves tildó de «locura» su muro), pero evita toda condena enérgica y directa de los regímenes criminales de Venezuela y Cuba.

El historial de Maduro no admite discusión: peor, imposible. Un dictador de libro, que ha llegado al pinturero extremo de inventarse un Parlamento cuando perdió en el legítimo. Un narcoestado, sostenido por la milicia más corrupta. Un caudillo incompetente hasta lo asombroso, con inflación récord de diez millones por ciento, miseria y cortes de luz en un país que nada en petróleo.

Violencia desatada y el 10% de la población en el exilio. Pues bien, ante tal palmarés, Sánchez ha sido incapaz de reconocer a Juan Guaidó, el demócrata que jugándosela se ha proclamado presidente al amparo de los mecanismos que fija la propia Constitución venezolana (esa que Maduro ha pulverizado).

Mientras Macron subía raudo un tuit en castellano para expresar «el apoyo de Europa» a la «valentía de los venezolanos que luchan por su libertad» y calificaba de ilegítimo a Maduro; nuestro Sánchez, de paseo por Davos, omitía en su cuenta de Twitter toda alusión a Venezuela.

Prefería colgar tuits de propaganda escritos en inglés, donde presumía de charlar en el resort suizo con jefecillos de Silicon Valley. Una situación tan vergonzosa que hasta Miguel Bosé, un psoeísta de la ceja, le demandó enojado que reconociese a Guaidó, como han hecho Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil: «¿Para cuándo? O Pablo no le da permiso», se preguntaba el cantante, aludiendo a que Sánchez es rehén de Iglesias (y de Torra).

Para este PSOE, el Senado ya no es una cámara legítima, toda vez que el PP ostenta la mayoría absoluta allí. Curioso: una mecánica mental idéntica a la del madurismo.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor