BONJOUR TRISTESSE

En el almibarado y friqui universo del Festival de Eurovisión me cuentan que va escalando puestos en las casas de apuestas la canción portuguesa, como mandan los cánones tan triste que uno desearía no tener nervio sensible, como de esos subrayados de Almodóvar que paren mixes de bolero y Caetano Veloso.

Entre tanta pluma festiva, la pasarela de cuerpos que sonríen como si todo fuera una dentadura pasteurizada, nos sorprende que llame la atención la melancolía, lo que demuestra lo sobrevalorada que está la felicidad. La falsa felicidad. Hasta Loquillo vende coches riéndose en lugar de recitar con cara de mala leche y verbo bravo.

En este escaparate del bienestar impostado, el Festival de marras conjuga la contradicción de tomar metanfetamina para luego acostarse con un diazepán.

Pedro Narváez ( La Razón )