El estupor, ante la abrupta salida de las tropas de EEUU y la OTAN de Afganistán y el derrumbe del gobierno afgano protegido por ellos, solo es comparable al temor ante los ríos de sangre y sufrimiento que esperan a la población con la toma del poder por los talibanes.

Unos terroristas que han empezado a ser blanqueados por muchos políticos y medios de comunicación occidentales para rebajar la vergüenza que sentimos casi todos, ante esta traición a las esperanzas que se le habian vendido a un pueblo.

Josep Borrell ha encarnado esas mentiras, reconociendo rápidamente “de facto” a los nuevos amos de Kabul. No podíamos esperar otra cosa de uno de los mayores travestidos de la política europea. El que fue separatista, luego se disfrazó de todo lo contrario, vendiendo principios y confianzas al mejor postor, con el único criterio de servir a su fortuna  y a la de los grandes poderes que le colocan, nos dice ahora que “el mundo occidental ha sido derrotado” y que debemos rendirnos.

Algunos se asombran de esa rapidez pero solo hay que atender a los intereses que la justifican. Por un lado, Afganistán alberga yacimientos minerales de gran valor para el inmediato futuro y el cambio de modelo energético y económico que los magnates nos quieren vender como “defensa del planeta” cuando es, principalmente,  el intento de mejorar el control sobre nuestras sociedades (los combustibles fósiles permiten demasiadas independencias) y sus beneficios.

China y Rusia ya negocian el acceso a esos yacimientos y la estabilidad de sus propias comunidades musulmanas (con especial mención a Xinjiang y Asia Central) e, incluso, Irán podría participar en lo que es ya una importante pérdida de influencia estadounidense en la zona.

Veremos profundos cambios a nivel geoestratégico, como en las relaciones de India y Pakistán, o en las antiguas repúblicas soviéticas que son hoy países, por ejemplo. Además, China incluirá a Kabul en sus planes de inversión para infraestructuras, desplazando el eje de influencia hacia Pekín, en su Nueva Ruta de la Seda.

Otro de los elementos cruciales (a pesar del crecimiento del fentanilo) es el mantenimiento del circuito de la heroína, uno de cuyos eslabones productivos prioritarios es el país asiático y cuyo flujo de efectivo mueve una gran industria, muy importante para los grandes bancos y fondos de inversión.

Un negocio de muerte que cuenta con el valor añadido de responder a algunos  de los grandes objetivos de la dictadura que los grandes magnates globalitarios pretenden imponernos, en lo que ellos llaman el Nuevo Orden Mundial.

Efectivamente, las adicciones (juego, alcohol, sexo, drogas…) contribuyen a debilitar individuos y sociedades, inermes así a esos imperativos, al mismo tiempo que, por propia definición, los adictos se reproducen a menor nivel que la media, otro de los propósitos explícitos de esos multimillonarios.

Los grandes medios de comunicación, financiados y al servicio de esos magnates, nos inundan con censuras y gritos de “fake news” pero no pueden ocultar que esa es la política oficial de sus amos. Lo reconoce el Fondo Monetario Internacional, o el Foro de Davos y no es casual que dediquen ingentes recursos a la legalización de las drogas, a desmantelar el aparato judicial y penal que las persigue o que pretendan colocar el aborto como un “derecho humano” y la pornografía como “libertad de expresión” haciéndola omnipresente…

Fuentes financieras y de control de primer orden, donde van moldeando los consensos sociales hacia la fragmentación y el enfrentamiento porque les molestan los individuos auto-suficientes, las sociedades vertebradas, las naciones unidas y bajo el control democrático y la voluntad soberana de sus pueblos.

Desde ese punto de vista, cobra sentido la desordenada salida de las fuerzas militares de la OTAN, abandonando colaboradores y pertrechos junto a miles de millones que hemos pagado, todos con nuestros impuestos y pagarán los afganos con sus vidas.

EEUU y sus aliados dejan miles de tumbas, en una guerra que no podían ganar porque frente a un enemigo con potente ideología de poco sirve oponer palabrería sin sustancia y Occidente carece de referentes morales sólidos porque llevamos muchos años sufriendo la erosión de esos valores por tontunas que nos desarman y nos dejan inermes.

Es imprescindible pasar factura, cuanto antes, a los responsables de este desastre que no hace más que anunciarnos el que, más pronto que tarde, nos afectará a nosotros.

Cerremos los oídos a la basura que nos venden, envuelta en bonitas frases, los gobiernos y sus medios de propaganda (quedan muy pocos de información) y exijamos hechos y posiciones claras a nuestros políticos.

Como pueblo y como sociedad tenemos el deber de organizarnos y defender nuestras democracias y nuestras naciones, si queremos seguir llamándonos libres.

Carlos Astiz ( El Correo de España )