BRUSELAS, EL FINAL DE LA ESCAPADA DE SÁNCHEZ

La respuesta de Bruselas al plan presupuestario del Gobierno supone un duro golpe, pero estaba advertido. A las autoridades europeas no les afecta la propaganda gubernamental: examinaron el cuadro macroeconómico y no tardaron en localizar sus dos mayores defectos.

Primero, que esas cuentas no venían avaladas por el Parlamento español, que aprobó en su día una senda del déficit distinta de la que envió Nadia Calviño, cuyo cacareada sintonía con Bruselas queda en entredicho. Y segundo, que el balance de ingresos y gastos sencillamente no cuadra.

El Gobierno confiaba en colarse por la gatera del desafío italiano, pero España sigue teniendo el mayor déficit de la eurozona. Se lo avisó la oposición, a la que Sánchez tildó de «ultra» para desviar la atención de su insolvencia.

Todo con tal de no reconocer su fallida huida hacia delante por mantenerse en el poder. Lo que incluye la bochornosa negociación en la cárcel entre Iglesias y Junqueras.

La realidad acaba vengándose. Como bien dijo el presidente, la política europea no puede ser considerada exterior: es un contrapoder democrático más. Por su debilidad parlamentaria, Sánchez pretendió saltarse las cámaras legislativas; ahora deberá aceptar su control si quiere unos Presupuestos propios.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor