Pese a la visión que Sánchez trasladó el otro día en el Congreso, según la cual a ojos de Europa su gestión política causa asombro por su eficacia, lo cierto es que Bruselas le ha tomado la medida y no se fía de él.

Basta con recordar la enmienda a la totalidad que la UE ha hecho de las arcangélicas previsiones de crecimiento de La Moncloa, desbaratadas por todas las instituciones, nacionales e internacionales, que echan un vistazo a su proyecto presupuestario.

Por eso no es de extrañar que en Europa nadie confíe en el proyecto sanchista y a la UE no le baste con que España justifique la ejecución de los fondos europeos que recibirá sino que el Gobierno tendrá que demostrar, trimestralmente o incluso en reuniones extraordinarias, que está cumpliendo con los objetivos que supuestamente persigue cada partida.

Desgraciadamente y acostumbrado a apagar todas las luces, en España Sánchez puede tener una estrategia ocultista de la gestión de esos fondos, pero en Bruselas esa artimaña no le valdrá.

ABC