Un día, me dijiste: » No te quiero…»
y mi tapia de vidrios y de acero
a tu voz vino al suelo en un escombro.

La saliva en mi boca se hizo nieve,
y me morí como un jacinto breve,
apoyado en la rosa de tu hombro.

Rafael de León

Feliz descanso y mucho ánimo.