Dice una frase muy bella
que a menudo los amigos
somos como las estrellas
que pueblan el infinito.

A veces no puedes verlas
ni ver su mágico brillo
porque las nubes las velan,
pero siguen en su sitio.

Por eso, a modo de ofrenda,
querido invisible amigo,
ya seas doncel o doncella,
churumbel o talludito.

A falta de otras destrezas
y estando flaco el bolsillo,
te regalo este poema
hecho con mucho cariño.

Cocinado a rima lenta
con ternura y buen aliño,
unas cuantas sinalefas,
seis estrofas y algún guiño.

Para que cuando lo leas
te acuerdes de esto que digo
y, aunque no siempre me veas,
sepas que sigo contigo.

Juan Cánovas Ortega.