Buenas tardes:

En este aquí y ahora no consigo recordar desde cuando me invade este sentimiento de añoranza, que siento adherido a mi cuerpo como una capa protectora y no tengo ni idea si me ofrece esa pretendida protección y me preserva del exterior, o si, por el contrario, extiende sus minúsculas raíces sobre los poros de mi piel poco a poco con su veneno agridulce.

Esta sensación de vacío, que flota sobre mi cabeza de manera perenne y angustiosa, me incita a una continua búsqueda de un algo perdido, de lo incierto en un mundo de certezas, de un no sé qué que me falta, una página sin acabar, una melodía incompleta, esa última copa, aquel último beso, un adiós sostenido a lo largo del tiempo.

Ese anhelo insospechado, que se infiltra en mi corazón, con la excusa del consuelo mientras hunde en él sus puñales sabiamente afilados durante días de soledad y juegos maniqueos, me impide moverme con la celeridad de antaño, roba la seguridad de mis pasos y me mantiene perdida entre la penumbra del bosque.

No recuerdo ya, ni tan siquiera quiero hacerlo, en qué instante dejé de creer, olvidé soñar y me aparté del camino para ver la vida pasar obstinada en el empeño de abandonarlo todo.

Y aquí estoy, inmóvil, cobijada a la sombra del esqueleto duro y seco de este olmo viejo, a sabiendas que la tristeza me acompaña dulcemente como un perro fiel desde que solo hay ausencia.