Buenas tardes:

Mis ojos ya no ven lozano,
el prado tornado en páramo,
como esos días de antaño,
ya no caigo en el engaño,
y aquí estoy, sin animo,
al final, todo será en vano.

La tristeza llega lenta,
suave, se mece triste en la mirada,
en la sonrisa,
y se instala cómodamente,
en el corazón.