La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.

LLega de lejos y sin hora,
nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.

Al entrar siempre
se detiene a mirarnos.

Después abre su mano
y nos entrega
una flor o un guijarro,
algo secreto,
pero tan intenso
que el corazón palpita
demasiado veloz… y despertamos.

Eugenio Montejo

Feliz Martes y mucho ánimo.