Era una mañana y yo sonreía.
frente al horizonte dorado moría
la luna, muy blanca y opaca; tras ella,
cual tenue ligera quimera, corría
la nube que apenas enturbia una estrella.

Como sonreía la rosa mañanera,
al sol del oriente abrí mi ventana
y en mi triste alcoba penetró el oriente
en canto de alondras, en risa de fuente
y en suave perfume de flora temprana.

Antonio machado

Feliz din de semana y mucho ánimo.