De bien nacidos es ser agradecido, y yo fui muy bien nacido. Esa poco común circunstancia en los últimos tiempos, es la que me anima a expresar a VOX, mi más sincero agradecimiento por lo bien que me lo está haciendo pasar desde el pasado domingo.

Adrede pongo la emisora radiofónica que da SERvicio al rojerío nacional, y escuchar a sus esbirros y esbirras que dirigen los espacios de opinión política, las clásicas tertulias, y a los tertulianos que a ellas van invitados, por pagados, para verter por sus sucias bocazas todo el pus (podría sustituirlo por toda la mierda y quizás hasta quedaría más chic) que almacenan en su enfermizo cerebro está consiguiendo hacerme desternillarme de risa.

Tufanca: «Si el PP quiere la abstención del PSOE, tiene que hacer un cordón sanitario completo a VOX y romper sus acuerdos».

Echenique: «La forma de frenar a la extrema derecha es tomar medidas más ambiciosas desde el Gobierno».

Esto que han dicho el Tudanca y Echenique alguien lo podría, con su derecho personal, sancionar como unas cabronadas de a kilo y medio. Yo, no. A mí, leer semejante gilipollez cargada de cabreo cuernil, me provoca un ataque de carcajadas que hasta me lleva a revolcarme por el suelo como una croqueta.

Hasta que se consiga alcanzar la fuerza necesaria para dedicarse a algo tan serio como será la titánica tarea de reconstruir lo que en España se llevan destruyendo desde hace cuarenta y seis años, es lo que al día de hoy, los españoles de bien, le debemos estar agradecidos a VOX.

Es muy notorio cómo el régimen democrático que nos han traído, ha conseguido diezmar el gremio de los cómicos en España (ahora Mari Carmen con sus muñecos, Martes y Trece, etc., no serían aceptados socialmente por no «acoplarse» adecuadamente a lo «políticamente correcto» y con sus sketch que tanto nos hicieron reír, hasta podrían ir a la cárcel) y los pocos cómicos que hay, con tan escasa posibilidad de encontrar «algo» que no les esté prohibido utilizar como «herramienta», apenas, si no es haciendo gracieta con los miembros y miembras de su propia familia o de la  Iglesia («Iba mi padre borracho por la calle y se pego una hostia contra la puerta de una iglesia; al ruido salió el cura, y cuando vio a mi padre le mando a un monaguillo que le tirara un vaso con agua.

¿Que te has bebido todo el vino? le dijo al cura) no tienen más espacio. ¿Cosas así no tienen gracia? Pues claro que no; lo que da es grima, pero es que ni siquiera los animales, elevados al nivel familiar, se pueden utilizar en un chiste, si «el censor de turno» decide que se vulneran los derechos del animal, poniéndole en ridículo ante la sociedad.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )