Tiene lógica, y mucho de dignidad, que la hasta ahora directora general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, dirigido por Miquel Iceta, haya dimitido víctima del ‘federalismo cultural’ que pretende imponer el Gobierno con la deslocalización de obras destacadas del Museo Arqueológico Nacional.

Iceta, fiel exponente del socialismo catalán, y por tanto un soberanista convencido, está imponiendo otro tipo de revisionismo más allá del histórico y revanchista que lleva la marca de Pedro Sánchez.

En este caso, no hay ningún criterio cultural en su propósito de trasladar fuera de Madrid la Dama de Elche o los Toros de Costix.

Desplazar esas piezas conlleva riesgos evidentes para su conservación y hay informes técnicos muy solventes en ese sentido.

Pero Iceta, con la excusa de fomentar el autonomismo cultural, solo pretende el desguace de todo lo que conlleve aparejada la idea ‘nacional’.

Y el arte no es una excepción, ni el artículo 149.28 de la Constitución un impedimento. La titularidad estatal vale menos que su ideologismo territorial.

Es puro caciquismo cultural.

ABC