África: Aliko Dangote (nacido en Kano, Nigeria) con un capital estimado de 13,3 mil millones de dólares.

Asia: Zong Shanshan (nacido en Hangzhou, China) con un capital estimado de 73,900 millones de dólares.

Oceanía: Gina Rinehart (nacida en Perth, Australia) con un capital estimado de 29,2 mil millones de dólares.

América: Jeff Befos (nacido en Albuquerque, N. México, EEUU) con un capital estimado de 179,000 millones de dólares.

Europa: Bernard Armault (nacido en Roubaix, Francia) con un capital estimado de 190,7 miles de millones de dólares.

Estos serán los nuevos nombres que sustituirán, en más o menos unas pocas fechas, los nombres de los cinco continentes que se reparten, el terreno firme, el acuático y el aéreo, de la Tierra.

Esas cinco criaturitas que se reparten como se puede ver la cantidad de cerca de 500.000 millones de dólares americanos, son prácticamente los dueños de casi todo lo que existe sobre el planeta.

¿Cómo es posible que se haya llegado a algo así? No es humano que esa gente mire desde esas macro cifras millonarias cómo mueren de hambre cada año, entre los cinco continentes, cientos de miles -quizás algún millón- de personas concebidas del mismo modo y nacidas de la misma manera que ellos.

A la pregunta de cómo se ha llegado a algo así, habría que buscarle respuesta ¡Cómo no! muy cerca; muy cerca de la Política. Y es curioso que ninguno de ellos es político, al menos a la vista de todos.

Llama la atención saber que 8 millones de personas en el mundo acaparan tanta riqueza como la que nos repartimos los 4.200 millones (entre nosotros, aproximadamente en estos momentos, algo muy próximo a los 124 millones) que redondeamos el total de la población mundial.

Con estas cifras resulta muy difícil convencernos a las personas normales de que alguien en la política mundial esté luchando desde puestos de alta responsabilidad gubernativa por conseguir un reparto de la riqueza más equitativo.

No se conoce a nadie de entre esos muchimillonarios que de verdad, desde la más auténtica JUSTICIA, emplee parte de su riqueza (no se me hable de los puestos de trabajo que tienen sus empresas, porque sin duda podrían ser más y mejor pagados y, téngase en cuenta que sin quienes vareen los olivos, no se recogen aceitunas) y le den auténtica utilidad.

Cada día -aunque parezca exagerado- en España, para no ir más lejos, existen menos «surcos de dónde sacar el grano». Ocurre que con una celeridad que espanta existen menos gremios y de los que quedan, se están convirtiendo en peces grandes y gordos que se comen, hasta hacerles desaparecer a los peces medianos, que les ayudaron a comerse a los pequeños.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )