Este desgobierno y la abundante patulea de tuercebotas que le acompañan, son harto ignorantes, pero no tontos. Saben lo qué hacen y para qué lo hacen. Han destrozado la economía española al amparo de la pandemia para así empobrecernos y tenernos atados sumisamente a miserables mendrugos de limosnas estatales.

La economía española está quebrada. No endeudada -que sí- sino quebrada, porque alguien, sea persona, empresa o estado, está quebrado cuando es incapaz de hacer frente a sus obligaciones de revertir sus deudas, si ésas le son exigidas. España necesitaría toda la producción de un año y medio para pagar a sus acreedores (fondos, fondos buitre, ahorradores, BCE, etc), si éstos le pidiesen saldar la deuda que con ellos mantiene.

Pensar que todo el PIB de año y medio se pueda destinar únicamente a pagar deudas es un imposible y una majadería pensarlo. A lo más que llegan los políticos, todos, es a ir pagando año tras año el servicio de la deuda, es decir, los intereses, lo que a los prestamistas les viene muy bien porque van recuperando año tras año su préstamo y cuanto más dure, mejor.

Y cuánto más deuda, más intereses y así, año tras año, en una espiral infernal. Por el contrario, las familias y empresas en los años de crisis y en los meses recientes han reducido sus deudas y hasta no hace mucho, han incrementado su ahorro.

¿Cómo y por qué se llega a esta bancarrota estatal? Muy evidente: porque los gobiernos despilfarran a manos llenas y acostumbran a los votantes, a todos, a tener que pagar impuestos que se destinan a cosas improductivas e innecesarias y a mantener toda una arquitectura política en su propio provecho, el de sus partidos y las decenas de miles de enchufados.

A su vez los altos impuestos empobrecen a los ciudadanos que ven mermada su renta disponible, es decir sus ingresos y tienen menos dinero para consumir y también para ahorrar. Y el ahorro es el imprescindible motor de la inversión, que es la que crea riqueza nueva y empleo.

Todo lo contrario de lo que hacen los gobiernos que suele sustanciarse en mero gasto corriente, a poder ser improductivo, para asegurarse votos a corto plazo, ya que los resultados de las inversiones se ven a más largo plazo.

Todo esto produce déficit público presupuestario. El presupuesto es el equivalente a la cuenta de pérdidas y ganancias de cualquier empresa. Los gastos cada vez más, año tras año, son mayores que los ingresos fiscales y la diferencia hay que financiarla con las emisiones de deuda, o lo que es lo mismo, pedir prestado. Nada más inaugurarse la mal llamada Transición, tanto el déficit público como la deuda pública se dispararon desde el 7,5% que era la ratio sobre PIB cuando se murió Franco hasta el 113% que tenemos hoy.

La riqueza, la crean las personas, los trabajadores, los autónomos, los empresarios, no los gobiernos, ni el estado. Todo lo más, son -deben serlo- meros facilitadores para que los agentes privados creen empresas y empleo. El papel del estado sebe ser solo subsidiario a tal fin. Crear empresas públicas, incluso privadas subsidiadas, son salarios para hoy y hambre para todos, mañana.

Lord John Maynar Keynes hacía furor en mis años de facultad. Todavía sigue siendo el máximo referente de los profesores de muchas de nuestras facultades, sobre todo las públicas. Este circunspecto y elegante miembro del selecto club intelectual de Bloomsbury tenía como máxima que el estado en épocas de crisis debía contratar obreros para que abriesen zanjas y luego cerrarlas.

Sus discípulos de ahora son más utilitaristas: dan subvenciones a ONGs y chiringuitos para recolectar votos. Más inteligente. En España el máximo difusor del keynesianismo fue mi profesor de Teoría Económica III, Luis Ángel Rojo Duque, que más tarde sería Gobernador del Banco de España y padre putativo de muchos catedráticos todavía hoy en activo.

Este desgobierno se dice «social», pero siempre mediante medidas a costa de otros. De todos nosotros con nuestros impuestos y de los que tienen un empleo con sus contribuciones sociales, además. Estos listos decretan moratorias del pago de alquileres, pero que sea a cuenta de los alquiladores, al igual que moratorias de desahucios siempre a costa del propietario.

Qué decir ya de la abracadabrante legislación pro-okupa, donde todo son ventajas y miramientos para quienes delinquen y problemas y perjuicios para los legítimos propietarios. Puede decirse con rotundidad, que la propiedad privada de facto hoy ha dejado de existir en España. No existe, ni propiedad privada, ni seguridad jurídica.

Sólo saben y solo quieren el caos sanitario y el caos económico y social. Para ello, ya han asaltado a buena parte de las instituciones y pilares sobre los que se asienta la Nación. Caos en las autorizaciones de manifestaciones masivas, caos con las mascarillas, caos con las compras de material sanitario, caos en el blindaje aeroportuario, caos de las administraciones autonómicas, caos en la dejación de funciones sanitarias del gobierno, caos con la inmigración ilegal, caos con la política permisiva para con Marruecos, caos en la educación, caos y vejación a la lengua común de todos que es el español, etc, etc.

Frente a todo lo anterior: propaganda, pensamiento único, cristiano-fobia, adoctrinamiento en las aulas, leyes llamadas de género ilegítimas e inmorales, favorecedoras a poderosos lobbies globalistas, monopolios de comunicación para adormecer conciencias, antinatalismo, aborto, eugenesia, todo ello impuesto, porque previamente se ha asesinado la libertad, el libre albedrío y toda clase de libertades.

Cuanto peor, mejor. Para ellos y sus fines.

José Enrique Villarino Valdivieso ( El Correo de España )