El falso doctor en economía, y dictador en ciernes, ha descubierto la cuadratura del círculo, y está “disminuyendo” el desempleo, con el socorrido remedio de crear e inventar más de medio millón de nuevos empleados públicos, en los tres años que llevamos soportando sus paridas, chorradas y ocurrencias.

Este no es un bobo solemne, como Zapatero. Es más bien un Churchill de la política y la economía, creando una realidad virtual, comprando a las telemierdas, y “construyendo” una realidad que sólo existe en su imaginación.

Pienso seriamente que es un hombre de frenopático, y no estaría de más que esa fiscalía que ahora pretenden controlar más todavía, inste su incapacitación, por posibles graves problemas psíquicos, por no decir psiquiátricos, que le nublan el entendimiento, si es que alguna vez lo ha tenido…

Aún recuerdo sus tiempos de Consejero de Caja Madrid, una de las primeras entidades financieras de España, cobrando religiosamente como Consejero, mientras que él y sus secuaces arruinaban y hundían la Caja, que siempre fue modélica, hasta que cayeron sobre ella bandadas de políticos y chorizos, palabras que si no son sinónimas, lo parecen.

Posteriormente lideró una moción de censura contra Rajoy, y eso suponiendo que no fuera un puro teatro, pues parece ser que ambos partidos –más bien partidas-, ya habían pactado repartirse la legislatura, dos años para cada partido, para poder seguir hundiendo España al alimón.

Falconeti voló de acá para allá, y cuándo ya se hizo la propaganda, con dinero público, convocó unas elecciones que presuntamente ganó, supervisadas por una empresa privada, propiedad de Soros y compañía, pero cómo no tenía mayoría suficiente, se alió con los proetarras –o etarras directamente-, y separatistas, haciendo de su capa un sayo.

Este turbio y siniestro personajillo, debería pasar a la Historia de España como una simple nota a pie de página, pero mucho me temo que ante el destrozo que está haciendo, habrá que dedicarle un capítulo completo, a la altura, o más bien a la bajura de la miseria moral de Fernando VII, que a su lado podrá pasar por un hombre de estado.

Ahora ha descubierto la rueda cuadrada, este vencedor de volcanes, ganador de elecciones fraudulentas, conquistador de Rusia, defensor de Ucrania, y subvencionador de empresas de su papa, amén de “empresario”, a título de coparticipe o heredero, de saunas gays de su suegro y Begoña.

¿Qué tendrá este hombre para ser tan imbécil, y nosotros tan mansos, para aguantar todas sus putadas, violación de nuestros derechos fundamentales por dos veces –por ahora-, según sentencias del Tribunal Constitucional,  etc.?

Dicen que hay dos clases de españoles: los que son funcionarios, y los que quieren ser funcionarios.

Y, al paso que vamos, pronto acabaremos siendo todos empleados públicos

Entonces, ¿quién trabajará, y generará recaudación por IVA, cuotas de la seguridad social, etc.?

Soy consciente de que hay una parte de los empleados públicos que son necesarios, docentes, sanitarios…, pero también es obvio que andamos sobrados de ayuntamientos, diputaciones provinciales, gobiernos autonómicos, senado, tribunal constitucional…, que deberían desaparecer, pues sólo sirven para duplicar y triplicar el gasto público.

Por no hablar de defensores del pueblo que a nadie defienden, pues son la voz de su amo, consejos económicos y sociales que para nada sirven, salvo para dar acomodo a correligionarios de los que ostentan el poder, tribunales de cuentas que ninguna responsabilidad, ni económica ni penal exigen a los que derrochan y malgastan el dinero público, a base de encarecer obras y servicios públicos, cobrando la mordida correspondiente.

Observatorios que nada observan, y que además actúan con sesgo ideológico “progresista”, es decir de izquierdas, etc.

Y como guinda del pastel, cuatro reyes, no sé si de España o de la baraja, a los que hay que tratar a cuerpo de rey, y no sólo a ellos, sino a sus hijas,  nietos, sobrinos, ex maridos…, todos con sus escoltas, coches oficiales, etc.

España no puede más, pero a todos ellos les parece poco el dinero que nos cuestan, a cambio de nada.

En fin, termino ya, que me está subiendo la tensión, y no es para menos.

Ramiro Grau Morancho ( El Correo de España )