CAÍN Y ABEL

Ignoro si existieron Caín y Abel , pero de ser cierta la historia que cuenta la Biblia, el único que dejó herencia sobre la tierra  fue el primero de ellos dos.

Hace unos días alguien me contó que Pedro Sánchez en una conversación privada le había confesado que hoy se sentía más preparado para ser Presidente del gobierno que cuando lo intentó en su frustrada investidura previa a que le echaran de la secretaria general del partido los tipos que más le odiaban y a los que él les correspondía con la misma pasión.

Yo no sé si ha mejorado desde entonces y, si les soy sincero, tampoco me importa porque mis inquietudes tienen que ver con los asuntos que me apasionan, conmueven o interesan, y en estos tiempos los políticos no están entre mis objetos de deseo intelectual y mucho menos moral.

Lo que sí tengo clarinete es que la política es un oficio que deteriora la calidad humana de algunos personajes  hasta el extremo de convertirlos en sicarios de sus propios compañeros a los que disparan un tiro certero entre las cejas o la entrepierna, según sea su intención matarlos o dejarlos hechos una piltrafa de inutilidad para ese oficio cainita, y estoy convencido de que Sánchez en esto sí que  ha progresado adecuadamente.

Que Pedro Sánchez jugase a bloquear la candidatura de Luis de Guindos a la vicepresidencia del Banco Central Europeo con el argumento de que España debería proponer para ese puesto a un mujer, aunque él no ofreciese ningún nombre alternativo, es algo que no le critico porque cada uno hace oposición como cree más conveniente, pero que ese mismo argumento no le sirva para apoyar la candidatura de su compañera de partido, Elena Valenciano a la presidencia del grupo socialdemócrata en el Parlamento Europeo, hiede a venganza.

Este ejemplo – como otros muchos que se dan en política –  me sirve de punto de apoyo para subrayar que ese oficio es una mierda muy bien pagada en el que nadie olvida y mucho menos perdona a un colega de siglas que ose apoyar a un candidato distinto.

El que deja más cadáveres en el camino sobrevive, aunque  el día que se muere no vaya a su entierro demasiada gente, salvo los que quieren cerciorarse de que ya está bajo tierra.

Tal vez por esa razón no existe mejor profesión que la de ejercen los poetas que cuando odian a alguien le castigan con versos de llanto y olvido, que hacen daño  sólo a la gente sensible, entre los que no se cuentan  los habladores de promesas incumplidas y venganzas ejecutadas.

Sin embargo también deberían cuidarse de las gentes de letras y teatro, y hacer caso al consejo que en boca de Hamlet pone su autor al decir :  Trata bien a los comediantes porque vale más un mal epitafio sobre tu tumba que una burla de comediante mientras vivas.

Diego Armario

   viñeta de Linda Galmor