CALVO CONTRA LA GRAMÁTICA

La respuesta de Carmen Calvo al informe de la Real Academia Española adelantado por EL MUNDO ha estado a la triste altura de su propio encargo. Hace un año la vicepresidenta pretendió utilizar a la RAE con fines políticos, tratando de enrolar a la institución en la agenda feminista del Gobierno, solo que en el peculiar sentido en que este Gobierno entiende el feminismo.

Porque a las mujeres que padecen situaciones de desigualdad no les mejora la vida el desdoblamiento del lenguaje ni se sienten excluidas de la Constitución en su forma actual, redactada de manera «gramaticalmente impecable» según Santiago Muñoz Machado.

Porque el uso genérico -inclusivo- del masculino articula el principio de economía del lenguaje. La única Constitución del mundo artificiosamente desdoblada es la bolivariana, y eso no hace a las venezolanas -sobre todo a las que no son chavistas- más libres ni más iguales. La RAE solo aconseja el desdoblamiento de rey reina, pues son cargos distintos.

Calvo espera que el informe no resulte «decepcionante» para las mujeres, pero solo lo será para las que pretendan alterar la realidad a través del lenguaje. Un propósito no solo ingenuo sino también despótico. Desde Orwell sabemos que todo autoritarismo se legitima por la imposición de una neolengua.

No hay nada más democrático que el idioma: su forma viva y cambiante es producto de las cotidianas interacciones de sus hablantes, que en última instancia recogen y sancionan filólogos y académicos. Pero sí lleva razón Calvo cuando añade que «avanzar en el lenguaje inclusivo o pararlo no está en las manos de nadie». Efectivamente. Tampoco en las suyas.

El Mundo