La Diada nos deja, a parte de un desánimo por parte de aquellos que en su día luchaban por la libertad de Cataluña y la opresión de España, a un personaje que, a pesar de ser un genocida, algunos lo consideran mártir. En su memorias Francesc Cambó escribe: “El fusilamiento fue un inmenso error de Franco. ¿Injusto?

Él, el 6 de octubre del 34 había cometido igual delito que los militares… y fue indultado. En 1936 él hizo fusilar a totos los militares sublevados”. Cambó también afirma que de no haberlo fusilado hubiera sido un nombre más dentro de la historia de Cataluña. Con su fusilamiento lo elevó a la categoría de mártir.

¡Cuánta razón tenía Cambó!

En su discurso institucional Quim Torra pidió que el Rey y el Gobierno pidieran perdón por el asesinato de Companys. Pocas horas después la ministra Carmen Calvo le contestó que “en democracia, las cosas no se resuelven así porque no sirven de nada”.

A lo que Torra preguntó que “¿Qué memoria histórica quiere construir PSOE-Podemos-Comuns si no asumen las responsabilidades ni se pide perdón por los crímenes cometidos por el Estado español?. Y Pablo Iglesias, en el mundo paralelo en el que vive situó a Companys como “referencia de la justicia social y la fraternidad republicana. Por eso fue asesinado por el fascismo”.

A Pablo Iglesias es mejor no contestarle. No porque sea ignorante. Todo lo contrario. Sus palabras están estudiadas. Acostumbrado a las purgas internas y externas de Podemos -como en los gulag soviéticos- lo que Companys hizo es digno de admiración para él.

Respecto a la ministra no estoy del todo de acuerdo. No sólo en democracia no se resuelven así las cosas. Es que esas cosas no se resuelven porque forman parte de la historia. Justen o no nadie las puede borrar de un plumazo y hacer ver que no pasaron.

El que no tiene desperdicio es Quim Torra. Empeñado en enaltecer y encumbrar -aún más- la figura de un ser miserable, ruin y de baja moral. Un personaje que nunca tuvo popularidad y que nunca fue independentista. Hizo el papel porque le convenía. Además, tampoco su muerte fue tan heroica como cuentan. Personas que allí estuvieron narran que lo llevaron a rastras, llorando e, incluso, se orinó encima. Todo un símbolo.

La ministra Calvo le ha dicho que no se preocupe. Que con la nueva ley de memoria histórica todo quedará resuelto. La segunda después de lo que aprobó zapatero. Una ley hecha a medida para los socios de Pedro Sánchez. En particular para ERC.

Uno de los puntos de este anteproyecto que será aprobado -si no ocurre nada- el próximo 15 de septiembre en consejo de ministros dice “el otorgar carácter radicalmente nulo a todas las condenas y sanciones producidas «por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa» durante la Guerra Civil o la dictadura”.

Este párrafo incluye a Lluís Companys. El caballo de batalla de los independentistas. Ya la ley de memoria histórica catalana anuló la sentencia de muerte, pero no tenían bastante. Ahora tenía que ser a nivel nacional. El problema es que mienten sobre este personaje.

Los independentista están empecinados en defender que Franco mandó fusilar a Companys porque era presidente de la Generalitat. No se acuerdan de que lehendakari José Antonio Aguirre nunca fue perseguido y falleció en Paris en 1960. Si Companys fue fusilado por se Presidente de la Generalitat, Aguirre tenía que haberlo sido por Lehendakari.

Y esto no pasó. Companys fue juzgado en consejo de guerra por haber dado un golpe de estado el 6 de octubre de 1934. Se le podía haber juzgado por los más de 8.000 civiles muertos en la retaguardia catalana, pero sobre el particular nadie tenía las manos limpias.

Con lo cual tenemos un juicio que será anulado. Entonces cuando se escriba la historia, ¿qué deberemos poner? “Lluís Companys fusilado el 15 de octubre de 1940, aunque se anuló su juicio en el año 2020”. Evidentemente esto no le devolverá la vida y tampoco cambiara lo que ocurrió. Este esperpento y las ganas de cambiar lo que ocurrió es una enfermedad. Podemos estar o no más o menos de acuerdo con lo que pasó, pero esto no nos da derecho a cambiar o reescribir lo ocurrido.

La verdad es que a Companys se le puede jugar por muchos delitos. Por golpista y genocida, en particular. No es un personaje digno de ser alabado. Sólo personajes como Torra pueden pedir semejante idiotez. Porque el gobierno de la Generalitat podría pedir perdón por los 8.352 catalanes asesinados en la retaguardia. De esos nadie se acuerda. Lo importante son los suyos.

Esos, como no eran de su calaña, ya está bien que los hubieran fusilado. Total, eran escoria. Pues no, señor Torra. Tanto respeto merecen esas víctimas de Companys como Companys. Así pues, si pedimos disculpas, las pedimos todos o nadie da el primer paso.

El sectarismo catalanista llega a hasta estos extremos y ya es hora de pararles los pies.

César Alcalá ( El Correo de España )