A propósito del cese del capitán jefe de la compañía que llevó a una unidad militar a recibir una bendición en el Valle de los Caídos, al que la sin par Margarita Robles ha abierto un “expediente disciplinario” y el Ministerio de Defensa ha “cesado”.

Me viene a la mente recordar lo que ocurrió en la Escuela Naval de Marín donde un grupo de cadetes protestó al recibir la orden de formar durante la liturgia, obligando al mando a resolverlo democráticamente.

Hice el bachiller en el colegio de los Hermanos Maristas de Chamberí, y nuestro capellán fue Don Cesáreo Gabarain. Los primeros que cantamos “La muerte no es final” y el resto de canciones de Don Cesáreo fuimos los alumnos maristas (1967- 1973).

“La muerte no es el final” es una canción religiosa. Por eso recomiendo a quienes no son partidarios de la religión católica que no la vuelvan a cantar, y que dejen dicho en testamento ológrafo, cerrado o abierto que en caso de morir en las acciones que competen al Dividendo de Paz Internacional que no se la canten.

Se puede optar por muchas, pongamos por “SloMo”…

Y una cosa más.

Si no se jura por Dios, por más teatralidad que se ponga al acto, ese juramento vale una mierda.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )