¡ CANTAD, QUE NOS VAMOS AL CAMPO !

Hay cosas que solo puede hacer un Gobierno como el que tenemos en España. La única vara de medir impide que otros, por ejemplo un Ejecutivo del PP, se vayan de «finde» a la casa de campo que el Estado tiene en Toledo. Sin duda nos hemos perdido un pasaje apasionante del libro de memorias de García Margallo.

No hay mejor relator de las interioridades del Gobierno Rajoy que el exministro de Exteriores. De esas líneas, que estarían llenas de pellizcos y maldades, se ha librado la ex vicepresidenta Saénz de Santamaría ya que Rajoy prefería despachar con sus ministros en horas de oficina.

Para saber cómo ha ido por dentro el «retiro» en Quintos de Mora tendremos que esperar

 a que Pablo Iglesias vuelva a hacer monólogos televisivos. La imagen jovial y de buen rollo recrea el marco mental del «Gobierno bonito». Parece que ni el paro ha subido. La semana que el Gobierno termina reunido en su idílica casa de la pradera, deja más parados con los peores datos desde 2013, la gente del campo señalada como carca por el progresismo urbano, los supermercados identificados como culpables ante sus clientes y el condenado Torra rehabilitado para recoger las nueces tras agitar el árbol de la legalidad constitucional.

Por si faltaba algo, Estados Unidos no sale de su asombro por el recibimiento que Sánchez, representado por Ábalos y su teléfono, le dispensó a una de las jefes del régimen chavista en suelo europeo. Como nada es casualidad aparece en la escena Rodríguez Zapatero repartiendo besos en el Palacio de Maduro, antes Miraflores. Además, el presidente de Francia ya no mira bien a Sánchez porque ha metido a los populistas en el Gobierno de España.

Iglesias y sus ministros no son homologables con los gobiernos europeos, salvo para Italia, que resulta ser ahora el aliado de España frente a franceses y alemanes. Nada de lo anterior parece relevante porque lo importante es que el presidente aparece en zapatillas posando guay, no como Rajoy sudando la camiseta cuesta arriba, rodeado de su Gobierno multitudinario.

La sombra del plan Redondo es alargada. Cualquier sábado de febrero es bueno para hacerse una foto y comer informalmente con los colegas de los ministerios vestidos «casual». Solo les ha faltado sellar el encuentro con un cántico al bajarse del autobús nada más llegar al «rancho», que dijo Bush.

Como los hermanos Marx entrando en el camarote: «¡Cantad que nos vamos al campo, cantad que nos vamos de paseo!».

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor