EL CABALLERO COHEN

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EL CABALLERO COHEN

Hace dos años, cuando Leonard Cohen cumplió ochenta, escribí un artículo desnudando mi admiración singular y sin limites por este cantante canadiense.

Hoy, al conocer la noticia de su muerte, he querido rendirle un homenaje y regrese a aquellas palabras de entonces.

“Cuando un hijo le dice a su padre que quiere ser poeta, es posible que a más de uno le dé un disgusto porque tal vez piense, con razón, que lo va a tener difícil en la vida para comer caliente todos los días.

Sin embargo conozco a uno que el próximo día 23 de septiembre va a cumplir 80 años y que a día de hoy sigue diciendo con orgullo de sí mismo que es novelista, músico y cantautor, pero sobre todo poeta, y no miemte porque durante años, antes de intentar otras facetas de ese digno oficio, leía sus poemas en clubes nocturnos de su Canadá natal.

Hablo de Leonard Cohen, cuyo próximo álbum Popular Problems, se estrenará la semana que viene, y yo no he podido resistirme a volver a escuchar algunas de sus canciones, con los ojos cerrados y los oídos atentos a su inglés perfecto.

Dicen que la mirada es la que seduce, pero yo apuesto por cerrar los ojos y escuchar una voz. Les garantizo que, al menos desde mi perspectiva, no hay nada que enganche más que la voz grave, cazallera o rota por el tabaco, de quien cuenta cuando canta y consigue que suene a creíble lo que dice.

A Leonard Cohen le regalaron los dioses esta cualidad admirable pero, no satisfechos con eso le convirtieron en poeta, músico y e intérprete singular de unas canciones que silenciaban a los miles de admiradores que asistían a sus conciertos, porque no consentían perderse ni una sílaba de sus letras.

Con estos argumentos no se necesitarían más razones para admirarle pero hasta en la música hay quienes encuentran un pretexto para descalificar a un artista si como éste, es judío.

En el arte no existen fronteras aunque a veces existan ideologías, y la de Leonard Cohen tiene que ver con los problemas de la sociedad y el desengaño en el amor, que es algo universal.

En cualquier caso me parece milagroso que en un mundo en el que hay gente que envejece muy mal, un personaje como éste siga encima de un escenario cantando cosas nuevas y antiguas, pero en cualquier caso eternas, con la elegancia de quien ya no espera nada salvo fumarse un cigarro antes de que sea más tarde.”

Diego Armario

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